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martes, noviembre 24, 2015

Elecciones argentinas, desde dentro, desde afuera


scioli y macri, terminado el debate presidencial
Junto al Obelisco una pantalla refleja lo que transmiten los canales televisivos. Casi todos iban dando ganador a Mauricio Macri por sobre Daniel Scioli, según resultados a boca de urna. Los números para el candidato opositor, de Cambiemos (PRO-UCR), suben o bajan levemente, pero demuestran una sostenida superioridad sobre los del Frente para la Victoria, otra coalición de partidos y agrupaciones políticas peronistas nacida en el 2003 para apoyar a Néstor Kirchner, quien alcanzó la presidencia luego de una segunda vuelta malograda porque Carlos Menem aceptó su derrota tres días antes, el 14 de mayo.

Doce años después, Mauricio Macri terminaría imponiéndose en el primer balotaje de la historia argentina desde que Raúl Alfonsín propusiera el método a Menem en lo que se conoce como Pacto de Olivos. Macri ha sido el gobernador en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; es ingeniero civil formado en universidades privadas de los Estados Unidos y Argentina, presidió con éxito el Club Boca Juniors 1997-2007 y es hijo de Franco Macri, un emigrado italiano, poderoso empresario industrial y eje de una de las tantas familias  argentinas que ha sufrido el secuestro de algún familiar, en este caso el de dos de sus hijos: Florencia y Mauricio.

Un día Mauricio Macri contó con amabilidad que esa experiencia le había provocado el síndrome de Estocolmo. Y desde el 10 de diciembre venidero quien alguna vez hubo de sentir ese raro sentimiento de compasión por quienes lo habían raptado a cambio de 6 millones de dólares será el presidente de la Argentina para conmoción de los militantes Kirchner, no necesariamente se trata de la izquierda tradicional.

Por casi tres puntos –más de medio millón de votos-, Macri superó a Scioli, la propuesta oficialista, el político alguna vez corredor de lanchas, actividad que le costó un grave accidente con la consiguiente pérdida del brazo izquierdo. Hijo de un empresario de electrodomésticos y dueño de un canal televiso en los setenta -víctima igualmente de secuestros-,  Scioli es gobernador aún de la Provincia de Buenos Aires en mano de Cambiemos desde el 10-D. Es un hombre de aspecto calmado –por la calle también se oye de la solicitud de calma para el discurso oficial- tuvo muchos factores en contra: la sombra de una presidenta de personalidad intensa, las disconformidades de una militancia puritana y fanática, así como la pésima campaña que vino a mejorar en la última semana.

En la noche del domingo, y en el Obelisco, que corta la Avenida 9 de Julio y la famosa calle Corrientes, cada variación en las cifras emitidas por la Dirección Nacional Electoral es respaldada con el vuelco de globos y pancartas. Suenan las vuvuzelas y una bandera argentina roza la cabeza de un turista. Siguen llegando paseantes y vecinos del microcentro, como yo. Todavía hay poca gente concentrada, pero en la medida en que los resultados avanzan se unen seguidores de la coalición triunfante, que si bien no forman una masa amplia y derivada de los estratos más populares- como es fácil de advertir entre los seguidores del FpV, y que vi por última vez en este mismo lugar un día antes del debate presidencial organizado por Argentina Debate, cuando muchos llegaron para apoyar a Scioli- se trata de prototipos de la clase media, y algún que otro individuo de extracción menor.   

Desde un auto alguien vocifera al gentío una palabra contra Macri y el gentío, como era de esperar, le responde a la mujer –es mujer, de unos treinta, quien maneja el auto moderno- con un casi masivo: “¡A laburar!” Entonces la mujer, que espera por la luz verde en la 9 de julio a unos cincuenta metros del grupo, abre la puerta, sale al asfalto y responde con más gritos y gestos a los que otra muchacha decide responder yendo a su encuentro. Pero queda en el camino, porque la del auto, furiosa, ha regresado al asiento, cierra la puerta, y se aleja. “¡A Laburar!”, grita el gentío.

La escena es natural en la Argentina; en las universidades se enfrentan con vehemencia los adversarios políticos; también discuten en sus casas, en la televisión y en las redes sociales; pero a mí me llevó a un lugar y una fecha, el 25 de octubre.

Entonces me encontraba en el colegio de Santa Rosa de Lima, Munro –cuna del cine sonoro argentino, porque allí se instalaron los estudios Luminton, importantes para la industria nacional-. Una amiga nos consiguió puesto remunerado como fiscal de una de las cinco tendencias en disputa y allí estuvimos hasta llenar nuestra planilla cuando concluyó el conteo de la mesa más retrasada pasada las nueve de la noche. Al fiscal correspondía además la comprobación cada cierto tiempo de que no ocurrieran incidentes negativos dentro del cuarto oscuro; es decir, que los cinco bultos mantuvieran orden y abundancia. También debía reponer los papeles en caso de que alguien hubiera roto por saña la boleta de la facción contraria.

A veces las de Cambiemos aparecían arrugadas o rotas. Lo mismo sucedía con las del Frente para la Victoria, razón para que fuesen sus fiscales quienes se vieran en la obligación de realizar las rondas con mayor asiduidad. Entre todos se fue creando un ambiente amable a lo largo del día, si bien registramos una eventualidad con cierta representante de Cambiemos, una señora anticuada que se negó a que los cuatro fiscales errantes entre los que me encontraba -los de Margarita Stolbizer, la líder de Progresistas-, compartiéramos el mismo local. De ahí que terminamos en un cubículo minúsculo entre los bolsos y mochilas de los fiscales del Frente para la Victoria y la gendarmería, apilados, tirados en el suelo a la hora de comer, hablando de cualquier asunto vinculado a las elecciones y el mundo que queda antes y después.

Pese a eso, lo repito, la relación fue de cordialidad. Y hasta hubo risas a costas de alguno, como fue el caso del fiscal de la facción encabezada por Sergio Massa –el peronista disidente del gobierno de Cristina Fernández-. Era un hombre acho, medio encorvado y de pelos en rulos quien solía proteger su bulto de boletas arremangadas dentro de una jaba bajo el brazo. Suministradas las mesas, los papeles del Frente Renovador terminaban ensortijándose sobre sí mismos. Y alguien lo soltó: “De esa manera no acumulará ni un voto”.

El Frente Renovador con Massa delante acumuló los votos necesarios para quedar en tercer puesto, seguido del Frente de Izquierda y de los Trabajadores, Progresistas y Compromiso Federal votantes todos fundamentales para los resultados de la segunda vuelta. La mayor parte de estas facciones confesaron preferir el “cambio” –palabra escencial de la campaña y el triunfo- ofrecido por Macri ante la perpetuación del modelo vigente que, reconociéndole logros, evaluaron de autoritario y corrupto. De los seguidores de los tres grupos restantes salieron los poco más de 3 millones de votos para Scioli y los 4 millones y medio de Macri en el balotaje. Solo los izquierdistas habían confesado votar en blanco, de modo que su desquiciado aporte a la democracia fueron 600 mil boletas menos, entre las blancas y nulas declaradas por la Dirección Nacional Electoral.

En un momento de descanso intercambié con los fiscales de Macri. Uno de ellos  se había molestado al parecer cuando supo que yo era cubano - probablemente creyera que un cubano debía fiscalizar las boletas del Frente para la Victoria y no la de otro partido-, pues: “Usted sabrá que Stolbizer es la derecha” - gritó. “Sí”, dije calmado. Ignoraba el hombre que mi papel, en verdad, debió haber sido considerado como observador. Etnógrafo. Después íbamos por un pasillo el fiscal del Frente para la Victoria, el de Cambiemos y yo. Tuve que preguntarle si acaso ambos eran de Munro. Que sí, dijeron. ¿Y se conocen de siempre? Que Claro. ¿Y no se pelean por ser contrarios políticos? ¡Cómo nos vamos a pelear si esto es así! Y sonrieron.

Recordé la escena en cuanto la mujer había subido a su auto por la 9 de Julio, y el grupo creciente del Obelisco – o para ser preciso, quienes se encontraban al final del grupo, unas diez personas de la multitud- musitaba aquello de “¡A laburar!”. En ese preciso momento cientos de militantes peronistas, especialmente los jóvenes kirchneristas de La Campora seguían esperando en La Plaza de Mayo. Algunos habían empezado a llorar. Los resultados tomaban una tendencia definitiva a un paso del cincuenta por ciento de las mesas escrutadas.

Después decidimos abandonar el Obelisco y terminar la noche siguiendo los acontecimientos por la televisión y la Internet. En el camino encontramos lo de siempre: comensales en los cafés, pizzerías y restaurantes de Corriente, autos que salían de los parqueos, librerías abiertas y grupos de turistas brasileños pasando ante el hombre de treinta años que cada día pide limosna junto a su niña a las puertas del supermercado Carrefour. Al día siguiente una quietud dominaba la ciudad desde mi ventana y solo después de mediodía Buenos Aires parecía recuperar su dinamismo.

El portero de mi edificio se mantiene escéptico respecto al nuevo gobierno. Votó a Scioli - aunque no es que le gustara tanto-, y cree que el gobierno de los Kirchner dejó una huella positiva en cuanto a derechos a los trabajadores – él es un trabajador con educación primaria y algunos cursos para el aprendizaje de varios oficios-, a estándar de vida, infraestructura urbana en distintas ciudades del interior, derechos humanos, ciencia y cultura. Otro del edificio opina parecido. “Macri es un hijito de papá”, dice. En tanto la productora de medios audiovisuales supone que con el nuevo gobierno llegaran más oportunidades para todos. Al historiador, ninguno de los dos lo convencen. Un amigo entrañable encuestó a varios cubanos instalados por acá y en mayoría, de poder votar, habrían optado por Cambiemos.

Acabo de ver la declaración de Guido Lorenzino, diputado provincial del Frente para la Victoria y cercano a Scioli desde hace años en su gobierno. Se presentaba en la televisión y ante la pregunta respecto a los resultados fue directo y sincero: “La gente no se equivoca, y si votó así es por algo”. Todavía en la ciudad se escucha algún claxon, pero no tantos como el domingo en la noche, cuando los sentimientos encontrados repercutían dentro de las viviendas. Para varios amigos queridos significa el fin del mundo; para otros, un nuevo paso en democracia. Mientras tanto, el presente es historia y todos siguen atentos a los rumbos de un gran país que continúa maduro, vigilante, civilizado e inteligente.

sábado, mayo 17, 2014

Ya no quiero que me publiquen en Cubadebate


Sobre la polémica que han despertado las declaraciones del escritor Leonardo Padura al diario argentino La Nación, aquí les dejo con el criterio de un amigo. Yo, en lugar de escribir sobre el tema, y porque el tiempo se debe aprovechar, ayer empecé la lectura de Herejes. Pronto diré al respecto.
Aquí la protesta de Jorge Luis Rodríguez Reyes, escritor, director y editor en Sed de Belleza. Y si alguien quiere, pues cuelgo las opiniones de Rodríguez Rivera y Borón por él citadas, que no lo hago ahora por la lentitud de esta conexión.

Ya no quiero que me publiquen en Cubadebate
Por Jorge Luis Rodríguez Reyes

Gustavo dijo:
Padura, te estás pareciendo más a Vargas Llosa::::::::Criticón.
(Del foro de Cubadebate)

Intenté, vanamente, subir un comentario al texto «Padura, la literatura, el compromiso»,  publicado por Guillermo Rodríguez Rivera en el sitio web Cubadebate, sitio que al igual a Cubasí y otros, replica el mencionado texto de Rodríguez Rivera, publicado originalmente en Segunda cita, blog de Silvio Rodríguez, después que se publicara el de Atilio Borón, réplica  ambos de una entrevista que Leonardo Padura concediera al mismo medio de prensa argentino, medio ya muy longevo: fue fundado el 4 de enero de 1870 por Bartolomé Mitre, expresidente argentino y donde el verbo martiano encontró  acogida, así como auxilio material su persona, en los azarosos días de su exilio.
La verdad cometí un desliz de fe, otro. El moderador(a) de Cubadebate no avaló mi criterio, o falta de criterio, para estar incluido allí, en la extensa lista de comentarios. En mi última consulta había más 80 entradas de criterios de lectores.
Más que la no inclusión de mi breve comentario, ya intuyo la razón de tal exclusión, me motiva escribir estas palabras la falta de coherencia del sitio que en algunos casos como el mío, se emplea a pie juntilla “la política editorial”, y en otros casos no. Mi comentario decía:
Asombra que este sitio digital sea eco de otra diatriba del profesor Guillermo R. R., que ya no solo debe estar retirado de la docencia, sino de la coherencia intelectual.
Veo que lo suyo con Padura es fijación, Delirio persecutorio. Paranoia pura, geriatría pedante.
Padura es un ejemplo de honradez para los intelectuales cubanos. Expone sus puntos de vistas, molestos o  no, errados o no, pecaminosos o no. Pero los expone, y esa actuación de intelectual es muy necesaria acá, y se echa de menos que no sea una catarsis programada. Pantomima como la que abunda por ahí.
Es mi humilde criterio y conozco a Padura personalmente, y hay muy pocos escritores cubanos, conozco muchos, que tengan más humildad y coherencia intelectual que él y eso lo habilita para ser paradigmático para mí y para la Cuba que necesitamos y merecemos.
Pero en Cubadebate se bloquea ese comentario pero se aceptan comentarios que tienen términos ofensivos. Claro, estos denigran a Leonardo Padura, el paria que debemos callar, abofetear, desmoralizar y cuantas linduras contenga el idioma para aplastar psicológicamente a un intelectual cubano honrado que solo ha ofrecido sus puntos de vistas en una entrevista al periódico argentino La nación.
Lo cual denota que la política editorial del sitio se emplea «… como se manda un campamento», aquella lúcida advertencia que hiciera José Martí a Máximo Gómez cuando ambos organizaban una guerra, no solo mediática, no solo informativa, no solo racial, sino de fuego de cañón.
Si usted puede acceder al sitio web Cubadebate puede leer que se ha calificado a Leonardo Padura de:
«Objeto»; «verdadera marioneta del mercado»; «Creo que su afán crítico no es sincero, no sé si lo hace por dinero, o por narcisista, o por ambas cosas»; «QUE CARAJO MAS QUE ESCRIBIR HA HECHO PARA ERIGIRSE EN EL CABALLO DE SU
GENERACION, EL CUENTO DE LAGENERCION PERDIDA ES UN COMPLEJO QUE TRATAN
DE GENERALIZAR LOS FRUSTRADOS QUE POR PENDEJOS POCO AN HECHO Y DE MUCHO
SE QUEJAN. ESTE TIPO TIENE MAL OLOR.
GRACIA TOCAYO POR DESPELLEJARLO CON CUIDADO, YO NO SE HACERLO ASI. »
Hasta puede resultar graciosa la interrogante que esgrime el último comentarista que se hace llamar pocholo: «QUE CARAJO MAS QUE ESCRIBIR HA HECHO PARA ERIGIRSE EN EL CABALLO DE SU GENERACION».  ¿Qué otra labor debemos exigir a un escritor? Me pregunto, y la gracia se esfuma si nos damos cuenta que tal opinión no es más que una muy usada variable de descalificación, muy usada en Cuba, contra los actores sociales que se desvían de lo supuestamente correcto, si esos actores no corean la tonadilla al uso, si esos actores no se atemperan a las exigencias de otros actores que solo admiten críticas a los iniciados en afanes y ámbitos de los cuales los nacidos décadas recientes no somos partícipes por una razón biológica muchas veces.
Es lamentable que un sitio web como Cubadebate no recuerde lo dicho por nuestro actual presidente, el cual ha exhortado, en varias ocasiones, a realizar la crítica, nos guste o no, y replique el texto de Guillermo Rodríguez Rivera y omita el acceso a la entrevista que le da origen. Igual proceder que con el texto de Atilio Borón.
Curioso “debate” fomentan ofreciendo solo una parte de los materiales implicados, incluso cuando los foristas o comentaristas del texto del profesor Guillermo Rodríguez Rivera piden una y otra vez la necesidad de leer la entrevista del periódico La Nación. Leí la totalidad de los comentarios y puedo dar fe de esa solicitud.
Según los Términos y Condiciones, los comentarios al sitio se rigen por la siguiente política editorial:
Cubadebate se reserva el derecho de habilitar el mecanismo de comentarios para algunos de los artículos o contenidos publicados. Los comentarios son la opinión del usuario, no es necesariamente la posición u opinión de Cubadebate. Al insertarlos entran en cola de moderación y debe ser publicado en breve período de tiempo. En cualquier caso Cubadebate se reserva el derecho de publicarlos, eliminando aquellos que estén fuera de tema o utilicen términos groseros, violentos, racistas, contengan ofensas o sean contrarios a las leyes.
Sin duda la aplicación de la política editorial de este acápite es muy infortunada al aceptar a unos sí y a otros no, incluso cuando algunos de los comentarios aceptados son más ofensivos que lo rechazados. Pero esa realidad es menos preocupante que brindar espacio a textos que agreden a uno de los autores cubanos más reconocidos de los últimos 60 años. Reconocido con el máximo Premio que otorga la literatura cubana. Y es lamentable, porque se hace desde un sitio que tiene varias connotaciones: entre otros, es el portal digital de la lucha cubana contra el terrorismo. ¿Acaso están calificando los editores y directivos de Cubadebate a Leonardo Padura de terrorista? ¿De enemigo de la nación? Ya solo falta esgrimir pagos de pagan alguna agencia de reconocida militancia anticubana, de métodos violentos y finanzas oscuras.
Creo que avatares como este demeritan un sitio que debe centrarse más en lo que junto al terrorismo, el de verdad, el de cañones y el de dinero subversivo para comprar mentalidades de cualquier edad, y la guerra imperialista en varios frentes, son los verdaderos enemigos de la nación cubana: el doble rasero, la hipocresía, la corrupción, la apatía laboral, las necesidades básicas no cumplidas. Y eso, por desgracia, un moderador no lo puede borrar ni solucionar.

Mayo, 17 de 2014.