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miércoles, junio 18, 2014

Azuzar recuerdos junto a Silvio Rodríguez

autoretrato con silvio, después de conversar
¿Tú no eres Juan Triana?”, pregunta Silvio Rodríguez con unos papeles en las manos cuando tomamos asiento. Su interrogante me deja pensando, porque Juan Triana es el nombre de quien fuera mi profesor de Problemas de la Economía Cubana, un eminente y popular economista desde que sus conferencias dieran la vuelta a Cuba como aquellas carreras de bicicletas, aunque gracias a la solidaridad de los cubanos que nos hace ir pasando de memoria flash en memoria flash una información cuando parece relevante. Me quedo pensando porque las entrevistas son como las sesiones en el espiritismo. Uno invoca algo, que evidentemente debe ser el lado más sincero del entrevistado, y según estado anímico y circunstancia así serán las respuestas.
Lo había esperado con un libro de Ricardo Piglia en las manos, tumbado en un asiento en el fondo del lobby del hotel Pernik donde se hospedaba junto a su esposa, la clarinetista y flautista Niurka González. Silvio Rodríguez viajó hasta el oriente del país para cantar en tres pueblos distantes de la cabecera provincial, siguiendo así el propósito de ofrecerle su música al público más desfavorecido, ese que habita zonas marginales, lo cual no implica solo la conceptualización sociológica del término. En el hotel también descansan los músicos de Trovarroco, tres excelentes guitarristas villaclareños que junto al percusionista Oliver Valdés confieren en los últimos tiempos otra sonoridad a su obra.
Al verlo, me pongo de pie y lo saludo. Responde amable estirando el brazo y lo primero que se impacta contra mi visión es el famoso tatuaje de la rosa y la calavera que se hiciera entre el pulgar y el índice de la mano derecha en los que fueran días trascendentales a bordo del Playa Girón. El trovador, nacido el 29 de noviembre de 1946, en San Antonio de los Baños, viste jeans y pulóver azul turquí con bandera cubana sobre el lado izquierdo del pecho. Suele llevar ese tipo de prenda, quizá para dejar claras muchas ideas que con solo ver una bandera cubana vienen a la mente. Ando sin fotógrafo, pues no quiero interrupciones en el diálogo.
Le advierto que carezco de cuestionario. Aborrezco las entrevistas preconcebidas. Me parecen interrogatorios policiales. Mi estilo es el de la gente común, prefiero conversar pese a los inconvenientes de la memoria.
-Mejor, asiente él.
También debo ser sincero y le ofrezco otro dato.
-Ni siquiera debía entrevistarlo, le digo algo inquieto, pues al fin y al cabo es una confesión: De la gente a la cual uno ha admirado su obra más vale permanecer lejos, pues ocurre un poco como el poema: No debe volverse a los lugares adonde se ha sido feliz.
Las canciones de Silvio Rodríguez me ha hecho feliz muchas veces. Estoy habituado a ellas desde la temprana adolescencia, cuando con entusiasmo empecé a escucharlo a él, y a Pablo Milanés, y me hice seguidor de la Nueva Trova y por ende de la trova tradicional y de todo cuanto se les relacionara. Más de un tema suyo me ha propiciado fuerzas para enfrentar un día problemático, aunque después ciertos comportamientos del hombre me llevaran a revalorizar al artista.
-Lo que pasa es que siempre hay curiosidad, indica luego de mi lamento.
Lo ha dicho con calma, en ese tono en que le he escuchado tantas veces, bien al llegar al escenario y luego de ubicarse en la banqueta donde cantará, bien ante colegas de todas partes que hacen lo mismo que yo intento ahora: Conocer un poco más su mundo interior, empresa compleja si se tiene en cuenta que a lo largo de su carrera debe haber escuchado todas las preguntas posibles, debe haberse encontrado a entrevistadores inimaginables. Coloca sobre una mesa la pequeña grabadora con micrófono que me quedo mirando.

jueves, septiembre 08, 2011

Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, al fin juntos… pero revueltos

La que se ha armado después de la presentación de Pablo Milanés (fundamentalmente en Miami) en los Estados Unidos ha sido grande. Cables van y vienen con los criterios. Ahora se suma Silvio Rodríguez, desde su blog, y desde los sitios que reproducen sus palabras, ya respondidas por Pablo. Me hubiera gustado que ambos se reconciliaran, pero por lo que he leído hoy, el hecho nunca sucederá. ¡Será más fácil que aparezcan de una vez los dichosos extraterrestres!

Y creo que la polémica se consume en sí misma, pues en ella no participa (como de costumbre, lamentablemente) la población cubana. Solo sucede en esto que ya he llamado alcantarilla (en el mejor sentido de la expresión). Lástima que así sea, pues de estar al alcance de todos, movería muchas neuronas sobre nuestro proyecto social, incitaría al debate. Además, creo que es más beneficioso que alguien polemice sobre este tema y no que se pase el día viendo “El Show de Cristina” o el detestable “Caso cerrado”, que no hacen más que embotarle el cerebro a cualquiera. 

Resulta que Pablo ha sido otra vez crítico, ha criticado lo que cree criticable de Cuba y la Revolución. Pero, lo ha hecho en Miami, algo que para algunos es inexplicable e inaudito. Al menos, así lo pensó Edmundo García (¿recuerdan a - ujum- “sus presentadores amigos Viky y Edmundo”, en de La Gran Escena?) García escribió un texto duro contra Pablo en el periódico español “El Mundo” y, después, Pablo le respondió (evidentemente molesto) mediante una Carta abierta, sincera y de tonos elevados, donde decía lo que cree sean algunas verdades suyas (sobre Edmundo).

Creo que todo se complicó con el texto de García y esa carta, pues hasta entonces las palabras de Pablo eran (a la manera de Marta Valdés) solo palabras. Es decir: en una entrevista, lo sabemos los periodistas, se habla según el ánimo, la hora y el día, incluso, según el carácter del periodista. Se conversa, y en una conversación se sueltan frases que sacadas de contexto suenan duras, feas o tristes, pero que tienen sentido, y, sobre todo, tienen sentimiento.

Las palabras de Pablo Milanés han sido citadas con pinza, a conveniencia, con una mala fe de fondo que es fácil de oler, de ver y de percibir. Me ha molestado sí, su ataque a los periodistas cubanos. Me molestó tanto que se refiriera a nosotros con cierta arrogancia (la misma de Amaury Pérez recientemente), que escribí un texto y espero pronto puedan leerlo. Se titula: “Si tuviera manubrios mi abuela”. Reflexiono sobre la prensa cubana, sobre los periodistas, sobre la política informativa, y sobre este suceso que sirve de detonante.

Milanés viene reflexionando sobre lo mismo desde hace mucho tiempo, y lo ha hecho en sus canciones también, con sus palabras, con las mismas que una vez le soltó a Paquita Armas Fonseca que admiraba a Fidel Castro por "sus cojones". La frase, entonces, también escandalizó, tanto como el "hijo de puta" con el cual se ha referido a Edmundo en estos días. Siempre habrá gente que le tema a las palabras. ¿Que su discurso en los ochenta era otro...? ¿Quién en esta isla era el mismo hace veinte años atrás? Por esto, por Heráclito de Efeso, creo extemporánea la comparación, incluso el ejemplo que he puesto, incluso la carta que ha publicado Silvio en su blog firmada por ambos trovadores y dirigida a Carlos Alberto Monatener. ¿Qué pretende con ello? No aporta mucho, sinceramente, a este tirijala que se ha armado .

Alguien le reprochaba a Pablo no haber dicho en Cuba lo que en las entrevistas para Miami. Y me pregunto: ¿Algún colega le preguntó?, ¿alguno lo publicó? En Holguín lo hicimos (el periodista Daniel Alejandro Benítez y yo), le preguntamos de Cuba, de sus relaciones con el Poder, y dijo lo que viene diciendo, dijo que a Cuba la veía mal, y dijo que se sentía orgulloso de las autoridades porque nunca le habían reprochado sus críticas. Más o menos eso dijo, y puedo transcribir luego la conversación.

Si las autoridades no le reprochan sus críticas (hasta hoy), que son la visión de un hombre, ¿por qué habría de hacerlo alguno con pretensiones oficiales? ¿Por qué tanto aspaviento por hablar en Miami donde hay gente detestable y gente buena, como las hay en todos lados, como las hay aquí?

He sido, y lo soy, Pablista y Silvista, porque crecí con la música de ambos, y porque he aprendido de los dos. Es por ello que en una polémica así no me puedo quedar en silencio. Hay demasiadas ideas, demasiadas canciones, demasiados días por venir que podrán ser mejores con la participación, con la multiplicidad, y con la tolerancia. Es lo que pienso del asunto. 


viernes, mayo 13, 2011

El zurrón de Silvio Rodríguez


La palabra zurrón es una de las últimas en cualquier diccionario. Sin embargo, el trovador cubano Silvio Rodríguez la ha escogido para bautizar su sitio web (http://www.zurrondelaprendiz.com/), abierto hace tres días y con record ya de visitas, creo yo: unas 139 mil  (¡multiplica la mía por cinco, Silvio!).


Zurrón quiere decir: saco, bolso construido de pieles que usaban los pastores…, en fin, que Silvio vuelve con esas palabras que a mí me llamaban la atención desde mi adolescencia.

El caso es que Silvio Rodríguez concedía entrevistas leídas por mí. Recuerdo algunas, a dúo con Pablo Milanés, a quien, a propósito, le dedica un par de canciones inéditas incorporadas en la web. (¡Vaya cosas las que se encuentran en el zurrón!) En las entrevistas siempre expresaba frases y palabras que iba incorporando a mi vocabulario.

Luego aprendí a escuchar sus canciones. En ellas las palabras emergían casi por casualidad. Quería apropiarme de ese vocabulario. Otras veces escuchaba cómo en la calle las repetían sin piedad, o piadosamente. 

Recuerdo a Rodríguez sugerir en el parlamento que el socialismo cubano era perfectible. Luego una legión de seguidores repitió la palabra. Perfectible quería decir mejorable. La usaba todo el mundo, y confieso que fue uno de los términos que yo mismo aprendí del trovador.

Seguro Silvio sacó muchas palabras de sus poetas amados, como Rubén Martínez Villena o Cesar Vallejo. De ellos asimiló formas y esencias. Y ellos le ayudaron a madurar su pensamiento, enriquecido con la vida y la sensibilidad, que es lo  más importante en este bolso.

El zurrón de Silvio Rodríguez no es cualquier zurrón. En él uno verá fotografías y encontrará canciones, letras inéditas que ayudan a comprender a este hombre peculiar. Algunas veces, amado. Otras, cuestionado por sus actitudes. Pero, digno de una obra que a mí, de manera inexplicable y como un surtidor, siempre me azuza la creación.  

Cierto día comprendí que Silvio Rodríguez había marcado una época. Lo supe después de escuchar la conversación entre dos choferes de camiones que se dedicaban a transportar frutas. Uno de ellos emanaba un aroma fuerte (seguramente era un perfume de moda en los ochenta). Y el otro, al oler, le soltó: “Oye, vas matando canallas”.

Nunca me he podido explicar la conexión entre esta frase popular y la letra de Silvio Rodríguez. Pero, entiendo por qué el chofer la cortó ahí. No iba a decirle a su compañero: “Vas matando canallas, con tu cañón de futuro”. Habría sonado medio obsceno. 

Silvio Rodríguez es un gran poeta. Ahora llega con una web para repartir conocimientos.  Para que uno encuentre allí trozos de su propia vida. Habrá quien le llame antiguo Lo digo por la palabra zurrón. En Cuba es casi una antigualla.