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miércoles, enero 04, 2012

Mirando una foto de la navidad


 Ernesto Fernández, el último Premio Nacional de Artes Plásticas, nos visitó hace pocos días invitado por el Centro de Artes. Es un hombre sencillo y jovial. Memorioso. Paseándonos por estas calles me hablaba de sus años en la revista Carteles y el periódico Revolución. También, maravillado, advertía el movimiento cultural que encontraba a su paso. Le parecía fenomenal la gente trasnochando junto al parque, los cafés atestados, los escritores y músicos que le eran presentados, las invenciones de un estudio de animación situado a kilómetros de la sede del ICAIC.

Pero Ernesto tiene incorporada a su más reciente exposición, pensada para exponer en Málaga (supimos de ella gracias a la visita), la fotografía a la cual hago referencia ahora. Fue tomada en 1960 y explora el tema de las navidades. Puede verse un árbol de navidad, construido con lumínicos en medio de alguna avenida, y rematado por una estrella. Contrasta ella con los edificios y el resto de la ciudad vista en perspectiva. La imagen me trajo de vuelta los recuerdos navideños, los míos, los de la familia reunida y la grasa del cerdo cayendo sobre las brazas del carbón. 

Pensé además en aquellos arbolitos asustados en las esquinas de algunas casas, las de quienes se resistían a olvidar la tradición. Yo había descubierto la nieve de diciembre en las historietas del pato Lucas, Piolín y Silvestre, en los cuentos de la revista Misha. Sin embargo, también solía encontrármela cada diciembre en los arbolitos de navidad, escenificada por trozos de un algodón sacados de cualquier lugar. Para los niños, entonces, la navidad era eso: la tripa de un viejo almohadón, la guata vetusta que alguna persona hacía lucir como nieve a los pies del abeto inventado. 

Yo nunca he tocado la nieve, y pudiera decir, por extensión, que no sabía de niño qué significado tenía aquella palabra. Ambas lejanas: nieve y navidad. Había sido un vocablo olvidado durante la década de los setenta, cuando algunos creían que lo mejor dentro de una Revolución era olvidar el pasado. Mucha gente lo creyó. Creyó que había que resetear el tiempo, que los recuerdos y las costumbres debían transformarse en una hoja de papel para estrujarla mejor antes de hacerla volar por los aires camino al cesto. Pero, se trataba de algo mucho más complicado: la tradición era un bumerán listo para partirnos la cabeza.

En los sesenta, época en la cual el fotógrafo Ernesto Fernández era todavía un joven, una institución como el Consejo Nacional de Cultura (antecedente del Ministerio de igual sector), lanzó una campaña original: Las navidades cubanas. Eran una especie de respuesta a las inclemencias que se vivían en el plano internacional, sobre todo a raíz de la ruptura diplomática entre Cuba y los Estados Unidos. La campaña no negaba el legado religioso de la navidad, pero insistía en su esencia cultural y hasta impulsaba proyectos como la grabación de un disco con villancicos.    

Hace un par de semanas, la Orquesta Sinfónica de Holguín realizó un concierto de villancicos en el Eddy Suñol. El concierto y la foto de Ernesto Fernández, casi a la vez, me pusieron a pensar en el tema de esta celebración que se remonta al auge del cristianismo, dado que el 25 de diciembre (navidad, del latín nacimiento) debió nacer Jesús, el rey de los Judíos.

Quería hablar del desarrollo cultural de Holguín, de las imperfecciones que existen para hacer mejor nuestras instituciones, del buen año para la literatura de la región, que inició el Premio Casa de las Américas para Emerio Medina y terminó con el Guillén de Luis Yuseff, mas he terminado escribiendo sobre la navidad. Porque… mire usted con que fuerza llega por estos tiempos. Hay arbolitos, con nieve, estrellas, luces y lazos. Hasta un Santa Claus, sentado sobre el trineo que tira una recua de renos, se puede encontrar. Y no es 1960, sino 2012. 

Dijeron los mayas que comienza un nuevo ciclo de vida. Lo creo. No será el fin del mundo. Y, mientras llega la noche que abrirá la puerta del nuevo año, solo observo una fotografía de Ernesto Fernández.  Una foto de navidad.        

sábado, junio 18, 2011

Imágenes de la emigración española


equipajes para la habana,
puerto de la coruña, 1925, ángel blanco
Hay quien afirma que el fenómeno comenzó en el viaje de Cristóbal Colón, cuando los primeros marinos prefirieron asentarse en las tierras abiertas forzosamente al Viejo Mundo. Desde entonces el flujo ibérico, con destino América, no ha cesado. Tanto es así que, según informes emitidos por el Instituto de Estadísticas de España en el mes de abril, el 61,6 por ciento de los 1,7 millones de españoles fuera de su Patria radican en el “Nuevo Continente”.

El fenómeno de abandonar la Madre Patria en busca de mejor vida parecía agudizarse en el siglo XIX, cuando el 16 de septiembre de 1853 aparece la Real Orden Circular que favorecería la migración, dado el incremento demográfico y las aprietos económicos en los que está inmersa la nación.

Así lo recuerda uno de los carteles que compone la muestra “Memoria Gráfica de la Emigración Española”, repaso fotográfico que en estos días ha viajado a cinco provincias de Cuba, pues el puerto de La Habana resultó uno de los puntos de desembarco para el emigrante.

Las razones podían ser múltiples para que un hombre abandonara su tierra: problemas políticos o la penuria que asolaba a la familia luego del comienzo de una guerra parecían razones más que suficientes para embarcarse a través del océano en busca de un mundo inexplorado, que los viajantes pintaban como la posibilidad de una nueva vida, porque al emigrante siempre le toca comenzar de cero.

Niños y jóvenes, mujeres y ancianos cargaban con sus maletas en un puerto cualquiera. Bien podía desde Cadiz, Barcelona, La Coruña o Vigo. Lo cierto es que se introducían en filas interminables, guardados por su única compañera de viaje: una dura maleta de madera donde el emigrante guardaba los recuerdos de una tierra que quizás no volvería a ver.

Así lo dejan ver fotografías impactantes, duras, nostálgicas, como la realizada por Ángel Blanco en 1925 a un grupo de mujeres que se embarcarían a La Habana. El título es sugerente: “Equipajes a La Habana”. Son varias las mujeres que empujan un carro de ruedas grandes, repleto de valijas donde, tal vez no se guarden solo ropas y objetos, sino trozos de infancia, esquinas de momentos felices o toda una vida truncada.

Después, cuando los hombres y mujeres alcanzaron sitios tan diversos como Buenos Aires, Sao Paulo o La Habana, luego de superar la adaptación del clima, llegaría el calambre de las costumbres nacionales, la adaptación cultural y la voluntad de hierro para trabajar en oficios que iban desde dependientes en cafeterías y fondas hasta ganaderos.

Pero, el esfuerzo no ha sido en vano, si emigrar es desgajarse en pos de la quimera, la única victoriosa ha sido la cultura española, que se volvió fuerte y consolidó la trama de las culturas en formación. Hoy queda testimonio de estos flujos humanos que van y vienen, gracias a la exposición fotográfica “Memoria Gráfica de la Emigración Española”, recién abierta en el patio de la UNEAC.

Las imágenes han cruzado el océano nada más que para recordarle (al menos eso parece) a quienes fueran emigrantes una vez que España, su tierra madre, aún se acuerda de ellos.  

martes, mayo 04, 2010

¡Cuidado!... Picasso está en la esquina

En un ejercicio “de película” llegaron las obras de Picasso para que fueran expuestas anoche en el Centro de Arte, durante las Romerías de Mayo. Una rastra y el convoy de custodios que ... leer más...

viernes, febrero 26, 2010

Frío en Holguín, nieve en Rusia

Veinte fotografías colgadas en el Centro de Arte – Sala Electa Arenal – develan un país conocido, aunque lejano. Esas nieves, esas zonas captadas por el lente del fotógrafo Gennady Smirnov nos son familiares porque las vimos en ... ver más...

sábado, noviembre 14, 2009

UNEAC muestra grabados en Holguín

La Tercera Muestra de Artes Plásticas, que organiza la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) de Holguín desde el 2005, inició el jueves con una exposición de grabados cuyo valor histórico le sitúa a la altura de su importancia artística. Lo que fuera la cochera del Museo de Historia La Periquera acoge obras de 36 artistas... leer más...