https://libros-gratis.com/
Mostrando entradas con la etiqueta emigración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta emigración. Mostrar todas las entradas

domingo, abril 03, 2016

Presentándoles al Aseregaucho



Para dejar rastros de mi experiencia por Argentina decidí abrir otro blog. Su título es El Aseregaucho. No explico detalles sobre el término porque estos serán ofrecidos en cada entrada, una especie de aventura de un personaje que, sin ser yo, reproduce mucho de lo que vivo.
De manera que esta es la mirada satírica de un cubano por tierras latinoamericanas cuyas peripecias ilustro con dibujos hechos al vuelo, mejorados algunos en la computadora, poco valiosos pero propios. 
Aseregaucho alterna con Cubavistaalasseis, o vive paralelo al blog porque son dos maneras de decir, dos temas que me conmueven. Espero disfruten la saga… (Y pronto actualizo, con sustancia, este)

https://aseregaucho.wordpress.com/ 

martes, enero 05, 2016

Turismo cronológico

al sur de sierra maestra

Gente, mucha, que viaja a la Isla para concretar recuerdos. Efusiva toma el vuelo, pero desde antes de sostener el boleto habrá experimentado la cabriola del tiempo, pequeño juego del destino tal vez, salto de las causalidades casi deporte de alto riesgo porque al final tiene más de adrenalínico que de cavafiano el viaje, de contagioso más que placentero; obligación de saltar perpetuamente como si con el impulso de las piernas se hubiese destupido una arteria.

Fluyen voces y andariveles, viejos rostro, cuerpos atrapados en instantes que nos obligan a cierta danza psicodélica. Volver. Preocupación perpetua de quien ha dejado la Isla y desde lejos busca trasladarse a ella con frenesí, como quien ansía la galaxia, una estrella distante, el antiguo aerolito de la felicidad. Volver para recuperar la infancia, la adolescencia, la hora del baño y la comida, el tiempo perdido o pasado al que se puede acceder tragándose esa pastilla inventada por los griegos: Nostalgia. Regreso y dolor.

Hay quien viaja además porque la Isla es destino en agencias de turismo y aparece en los libros de historia contemporánea. La Isla, lugar donde nunca se estuvo pero adonde un turista en coma aspira a vivir como jamás lo ha hecho en lo que fuera su existencia. Vacaciones desplazamiento para encarnar lo que es poco probable pueda representarse, o lo que en última instancia alguien ha creído posible con el solo hecho de poner los pies sobre tierras y dientes de perro en las encías de la Isla, que no Creta, que no Atlántida, que ninguna de esos atolones mitológicos, pero copiosa en laberinticos acertijos, maravillas inexpresables y oráculos tenebrosos. Vivir.

¿Qué es? ¿Qué fue? ¿Qué será? ¿Por qué esto y aquello? ¿Hasta dónde y hasta cuánto? Preguntas sin respuestas siempre orquestadas en el mismo punto del hotel o la casa, el edificio o el parque. Y una mesa y un banco y la computadora y el televisor y el radio por el que siempre se puede confrontar el tiempo como si fuera posible acaso: minuto a minuto, segundo a segundo el golpe calando el oído como la gota filtrada en la caverna de Platón. Vivir en la Isla. Volver a ella. Y los turistas.

Doscientas, trescientas horas de andanzas y el pomo de agua mineral y una mochila a la espalda para alcanzar el sitio donde nunca se estuvo, para hablar con quienes nunca se habrá de cruzar palabra, para gozar la existencia como en ningún tiempo antes y después. Horas y horas de peregrinación que cargan el alma de energía radiactiva, fuerza superior a cualquier otra que se haya experimentado. Y aunque escombros ante los ojos, novedades y hermosuras se verá. Y los turistas.

Barbados y lampiños, cada cual transitando su íntima ensoñación. Unos se van a las montañas y maniguas, a los bateyes fantasmales con los pies salpicados del polvo miserable que han levantado los vecinos en su ir y venir de rutina. Otros optan por la piscina y las chicas que sonríen, y el mar de azul y verde trasparente junto al carnavalesco instante de una noche caribeña con mojito. O acaso viceversa. La inesperada simbiosis que solo sucede en las islas, y en esta, a orillas del malecón y un cañonazo. Entonces el pescador obstinado sin dos dientes le da vueltas a la vara, lanza el anzuelo y la esperanza de pescar. Creo que ya había utilizado este recurso, hace tiempo. El pescador.

Pero es el tiempo lo que se malogra; en esta Isla el tiempo se traba, se detiene, se altera en absurdo que idolatran los extraviados del mundo modernizado y sin, los idealistas y románticos de allá donde la novedad apura y une con la urgencia que a la vez distancia. Fluye todo alrededor, y otra vez la adrenalina brota por las venas y estallan los sonidos chocando entre filones. Y otra vez la certeza mendaz de haber regresado y vivir. Y el turista mirando al citadino, y le sonríe; y levanta los brazos con la certeza de desafiar los males junto a él, de resistir, de forjar, de toda esa morralla de infinitivos que a nado suelen acercarse mientras alguien bebe la cerveza o estampa su firma en un papel o discursa en la tribuna. Vivir. Volver. Y una Isla. Y los turistas. Y el avión sale en media hora. El tiempo, una pasta dulce cayendo desde la vitrina, gota a gota al suelo de baldosas con figuras de formas triangulares. Antiguas islas triángulos. Islotes levitando del ayer.  



 publicado originalmente en OnCuba


sábado, diciembre 11, 2010

Larga distancia, otra reflexión sobre Cuba


La primera película cubana que vi durante la presente edición del Festival de Cine Latinoamericano fue Larga distancia, el filme de Esteban Insausti que ha permanecido entre las cinco preferidas por el público. Hubo buena asistencia en la proyección del Chaplin. Se esperaba con gran expectativa la nueva propuesta del cine cubano sobre la que su director había advertido que no era más de lo mismo.

Y, en parte, Insausti tiene razón, su filme no es más de lo mismo en cuanto a tratamiento de la problemática nacional. Es decir, el choteo, el folclorismo y el sexo persistente se ponen a un lado para darle paso a la reflexión más profunda, al análisis sociológico, a las preguntas esenciales de la filosofía. Aunque, debe decirse: la película reflexiona sobre determinadas circunstancias que, por motivos diversos, se convierten en recurrencias del arte nacional. Así ha sido y será.

El centro del filme es el desgarramiento y la impotencia, el desgarramiento de quien emigra y la impotencia de quien no puede hacerlo. Sin embargo, más que la impotencia de no poder trasladarse hacia otro lugar, cualquiera que sea y dondequiera que se encuentre, el sentimiento que mueve al grupo de personas limitados por la geografía radica en la desgracia de no poder dejar atrás una vida determinada por carencias, sumida en ambientes marginales, pletórica de frustraciones, etc.

El filme intenta hilvanar desde la perspectiva del personaje protagónico, una cubana emigrada que cumple años lejos de sus amigos de infancia, la vida de cuatro treintiañeros, cada uno de ellos varados en una vida alejada de la que soñaron. Ninguno se encuentra satisfecho: la que emigro siente que le falta su pasado, su ambiente, su cultura. Los que se quedaron comprueban cada mañana que no viven aquello que años antes habían pensado vivir. Es el dilema de la vida y es un tema repetido entre los cubanos, un asunto que el arte va abordando de diferentes maneras.

Si hace mucho tiempo Titón se vio atraído por la historia escrita por Edmundo Desnoes era precisamente porque semejantes sentimientos se empezaban a desarrollar en la mente de los cubanos. Entonces, un joven burgués se sentía abrumado por la Revolución y lo que ella implicaba en su vida (la familia se había ido del país y lo había dejado solo en un mundo donde cada hora significaba un metro de hundimiento en el abismo de una realidad extraordinaria.), es decir: la entrada a lo desconocido, la posibilidad de perderlo todo o ganar algo que antes no se había siquiera pensado.

Ahora, la joven que se ha marchado, atormentada por la soledad y la añoranza, se inventa una realidad que no existe y esa fantasía le permite a Gracía Insausti exponer y contraponer a esta la historia de los amigos que se han quedado en la Isla, como el Sergio de Desnoes, pero cuya realidad luce mucho más traumática al encontrarse movida casi siempre por la frustración y no por la incertidumbre.

Quizás el uso de símbolos demasiado usados en la filmografía cubana y esos parlamentos medio panfletarios se conviertan en el talón de Aquiles del filme. Eso y la ambiciosa intención de narrar con lujo de detalles la vida de los cuatro personajes. Una mejor edición podría haber ayudado en síntesis y habría evitado que en algunos momentos uno bostezara y tuviera que aguantar la interrogante de: ¿Hambre o sueño, hermano? Ni hambre ni suelo, un ligero desliz en mi atención. Nada más.

Fue bueno haber visto el filme deInsausti, porque nuevamente nos hace reflexionar sobre la realidad que vivimos. El cine cubano nunca ha dejado de pensar en ello, claro, aunque muchas veces lo hace desde una perspectiva aparentemente menos seria. No es culpa de nadie más que de los realizadores y del público que, conmovido, conectado con este modo de decir, incrementan la fama de obras que no lo son tanto, no son para glorificar, no, aunque sí para tener en cuenta. Es lo que pienso, ahora, de Larga distancia.


domingo, abril 04, 2010

Una tarja para José Juan Arrom y la pregunta de un paseante: ¿por qué si no vivió en Cuba?

El viernes en Holguín se develó una tarja de homenaje al ensayista e investigador José Juan Arrom (1019-2007), holguinero crecido en Mayarí que murió en Massachusset. Para el momento cuando Holguín y Cuba recuerdan agradecidas los 100 años de quien fuera ... leer más...