jueves, mayo 01, 2014

¡Así no se vale, maestro Formell!

foto: kaloian santos cabrera, holguín, 2007
La  noticia se regó como pólvora. Nadie podía creer que el maestro Juan Formell hubiera muerto, debido a una repentina enfermedad y en medio de un ingreso, según Prensa Latina. Y sí, murió uno de esas jornadas en que la gente baila en multitudes con su música, porque por el Día de los Trabajadores aprovechan y hacen fiestas, y en esas fiestas siempre suena un tema de los Van Van.
No importa qué tema sea. Lo significativo es que todos son motivaciones para mover el cuerpo, algo que le preocupaba sobremanera al maestro habanero de la música popular nacido en 1942, en Centro Habana, allí donde se respiran sonidos inspiradores. Una vez me confesó en entrevista que tocaba atento al peor bailador, y según su ritmo así era el tempo exigido a Pupi, que con su piano marcaba el tumbao de la orquesta.
De los Van Van se ha escrito y se escribirá, así como de su director, el hombre de los estribillos originados en frases repetidas por la gente común, el autor de aquel Buey Cansao que hizo época, cuando “catorce agentes transmisores” ponían a bailar a toda Cuba, y su música era “eso que anda”.
Genio igual en el bolero, el son o el songo, condujo con maestría los derroteros de la orquesta que creó a fines de los sesenta, cuando sentía ya culminados sus años junto a Elio Revé y había aprendido con otros importantes músicos como Peruchín, pero primero con su padre. De ellos aprendió y es hoy uno de los hitos de la música cubana al nivel de otros como Matamoros o Chano Pozo.   
La música de Formell ha sido interpretada por gigantes de la canción como  Elena Burke. El sonido que lo identifica acompañó a trovadores como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Carlos Varela. Premio Nacional de la Música 2003, Grammy Latino a la Excelencia musical un poco más tarde, respetado y querido por los todos los que aportan su talento a la música popular bailable, fueran o no afines a su filosofía, a su ideología, a su causa.
Toda Cuba recuerda al maestro Formell. Mis vecinos, enterados de la novedad, subieron el volumen de su reproductor y decidieron bailarlo a él ya que bailaban. Porque una muerte como la suya no significa la muerte. Obra y autor forman parte de lo eterno.