jueves, octubre 18, 2012

Un viaje sin pasaporte


Día primero: La gente no puede creerlo, y hace todo tipo de comentarios en la calle. Lo publicó el periódico Granma y la prensa internacional. Luego, todos los sitios digitales de los periódicos "del interior". Una señora, en un establecimiento estatal, advierte: “Seguro lo que sigue es el cambio de moneda. Yo lo dije ya, en enero viene lo de la moneda”. En la calle y en los corredores los conocidos hacen chistes: “¿Ya sacaste pasaje?” Alguien que vende granizado rompe la magia de lo que parece un juego, y no lo es: “Como si viajar a otro país fuera como moverse hasta un municipio”. Y me preguntaba: ¿Acaso es fácil moverse a todos los municipios?

Día segundo: Inmensa cola frente al correo. Graciosamente solo hay dos jóvenes. Señoras y señores mayores. Un ejército de viejitos sin lanza esperan a que se abra, como la boca del gigante, la puerta de la oficina de correos. La empleada, con cara de guardia pretoriana, abre y cierra. Escruto  a cada individuo. ¿Querrán sacar pasaporte o es mera preocupación por los muchachos de la familia? Estaba al final de la cola y el humo de los churros que freían a poca distancia me estaba ahogando. Otro día la compro, me dije. Y me fui.

Día tercero: Se acabaron las copias de La Gaceta Oficial. Los viejitos arrasaron con ellas. Algunos eran revendedores. Lo supe por la empleada de correos. En la calle no se habla del asunto con la misma intensidad. Solo una doctora, que encuentro al final de la tarde, lo menciona. Duda que a profesionales como a ella los dejen salir. “Ni aunque tenga miles de pesos”, se queja con un hombre que le acompaña. Uno de los vecinos más necesitados de mi vecindario me pregunta en la noche: “Periodista, ¿Y cómo se hace para viajar?” Estoy casi como él. Le explicó lo mejor que puedo. ¡Tengo tanto desconocimiento! Tantas dudas. Tanta inexperiencia. Nunca me he movido más que dentro del territorio nacional. Nunca había pensado irme más lejos.

En Facebook he informado a mis amigos que, por error del editor en una web especializada en temas culturales, ahora me encuentro en Rusia. No he sacado pasaporte. Todavía falta para enero, cuando quede eliminado lo del permiso de salida; mas no debí pedirle permiso a nadie. Estoy en la vieja Rusia, cubriendo la jornada por la cultura cubana. Con abriguito y todo. Y quién sabe cuántas cosas más. ¡Mírenme muchachos aquí en Moscú! 

Así son las cosas en Cuba, dicen los amigos, que bromean con el desliz. Lo único cierto es que  me ha convertido en el primer beneficiado de las nuevas leyes. En verdad suceden cosas inexplicables.