martes, enero 13, 2015

Miguel Barnet: “Lo que se sabe no se pregunta”

La noche antes de que  se desarrollará en Holguín la reunión para aprobar la comisión organizadora al VII congreso de la UNEAC, Miguel Barnet accedió conversar sobre temas diversos, que no supimos serían diversos hasta no haber concluido el dialogo.
La idea era escuchar su opinión sobre el proceso que vive la UNEAC por estos días y que involucra a la mayor parte de los intelectuales de la Isla. También estaba el interés de conversar sobre Lunes de Revolución una revista de la cual escribo un libro, o algo que se le asemeja.
Fue necesaria la ayuda del escritor Manuel García Verdecia y del pintor Jorge Hidalgo. No porque Barnet fuera un hombre totalmente inaccesible, sino porque era el centro de una mesa en la que compartían escritores como Lourdes González y Alex Pausides junto a políticos como Miguel Díaz-Canel.
Miguel Barnet había sido designado el 14 de abril como vicepresidente primero de la comisión organizadora al VII congreso de la UNEAC. También vivía una especie de auge literario, pues acababa de obtener varios premios de trascendencia internacional además de vivir la reedición de su libro insigne Memorias de un cimarrón.
La conversación trascurrió en la oficina de la presidencia, entre cuadros que, por momentos, parecían querer devorarnos. Barnet tuvo tiempo de fumarse un cigarro con filtro. Parecía tranquilo, y así comenzamos el diálogo de manera espontánea. “¿Ya estás grabando?”, debió preguntar, y yo contesté, Todavía, pero si quiere…

Recientemente recibió el premio José Donoso y ganó hace muy poco el de cuentos Juan Rulfo, qué siente ante este florecimiento de los premios.
Con los premios lo que se siente es una gran satisfacción, una gran humildad, un sentimiento de que hemos hecho poco. No es una falsa modestia, pues yo detesto la falsa modestia. Tengo el orgullo que puede tener cualquiera, tengo las convicción de que algunas cosas que hago están bien hechas, otras han sido resultado de logros hermosos, pero siento una gran humildad, mezclada con un sentido muy profundo de responsabilidad ante la literatura, la poesía, la antropología que han sido mis campos de acción. Es una gran responsabilidad y quizás por eso no me dedico solo a escribir en mi casa o a investigar. Quiero sentirme útil a la sociedad en funciones de dirección y de promoción a la cultura cubana. Siento mucho orgullo de ser cubano y de que un cubano haya obtenido este premio. A veces digo, ¿será que estoy loco?... porque me olvido de mí mismo.
Yo soy un hombre político en el sentido más pleno y esencial. Por eso veo como algo beneficioso para mi país, algo positivo para Cuba, que un cubano haya ganado estos premios, para los cuales figuras nombres de importancia para la literatura latinoamericana y mundial.

¿Y si algún día lo propusieran para el Cervantes?
No te voy a decir que no me lo pueda merecer. A lo mejor me lo merezco por mis novelas, por mi poesía porque, como dicen los críticos, soy el gestor, fundador, de la llamada novela testimonio. Es posible que me lo merezca, aunque no estoy seguro de ello. Dudo mucho que la España de hoy me quiera dar el premio Cervantes a mí.

¿Qué tiene la España de hoy que no habría de dárselo si se lo mereciera?
Tiene muchos prejuicios hacia Cuba y no hay una verdadera legitimación de la literatura cubana. La hubo en la década del ochenta, pero ahora nos miran por encima del hombro. No digo todos, tengo muy buenos amigos españoles. Pero el mundo editorial de España quiere de Cuba violencia, literatura pornográfica, literatura contrarrevolucionaria, realismo sucio. Eso es lo que priorizan. 

¿Qué ha conllevado a esa posición que se tiene hacia Cuba?
Los grupos muy de derechas que rigen el mundo editorial.

¿Habrá incidido en esto la propia proyección de la literatura cubana?
No, si la literatura cubana es mucho más rica ahora que en los ochenta, mucho más variada, con un espectro temático más amplio, más crítico al proceso social cubano. Si se quiere, es una literatura más comprometida socialmente, muy comprometida con una crítica de la sociedad cubana. Pero, el mundo de la editorial de España está imbuido de esos prejuicios hacia nosotros. Prefieren publicar una mala literatura, que sea medio disidente o que tenga un sesgo erótico. Veo muy lejos la posibilidad de que un escritor cubano, en estos momentos, un escritor de la Revolución, que viva acá,  pueda recibir el premio Cervantes.

Creo haberle escuchado decir en algún momento que los escritores de la Revolución habían tendido poco tiempo para la creación por tenerse que dedicar a otras funciones como esto de dirigir, por ejemplo, algunos centros culturales. ¿Se lamenta de haber tenido que darle la espalda al proceso creador para dirigir o dedicarse a la dirección de alguna institución?
Te voy a ser muy sincero, hay días en los que quisiera quedarse en mi casa sólo para escribir. Hay días en los que tengo una necesidad imperiosa de escribir. No solamente un poema, ideas, ensayos. Tengo a medias un ensayo sobre los procesos sincréticos en los cultos de origen africano en Cuba. Escribo artículos, crónicas, cosas breves, mucha poesía. Tengo tres libros de poemas inéditos.
No me arrepiento de haberme dedicado a la función de utilidad social, no me arrepiento, pero a veces me siento un poco triste con mis pellejos. Digo: caramba, me levanto temprano, después voy para la Fundación, después para la UNEAC, después voy a un acto, con tantas ideas que tengo bullendo en mi cabeza y que quisiera plasmarlas, quisiera implementarlas con una proyección antropológica. Tantas cosas que quiero interpretar de este país que me son todavía inapresables, misteriosas.
Siento un poco, no de envidia, pero sí de… hacía otras personas que dedican todo el tiempo a escribir. Digo, yo debía ser el escritor, no en su torre de marfil, pero sí en mi casa dedicado a escribir. Pero me inquieto mucho. Me da un escozor. Quizá la idea de haber creado la Fundación Fernando Ortiz me atrapó. No pude evitar hacerlo porque sentía que era una necesidad y se ha demostrado que ha cumplido un papel importante en la cultura cubana. 

En aras de esa necesidad de crear, ¿estaría dispuesto a darle la espalda al trabajo de la Fundación?
No podría ya. Es muy tarde. Llevo como trece años en esta tarea y la veo crecer. No podría darle la espalda.

¿Cuándo algo es tarde para Miguel Barnet?
¿Cuándo algo es tarde para mí?... Siempre. Soy muy impaciente. Siempre es tarde. Siempre quiero hacer más cosas. No soy un hombre frustrado. Si digo que soy un hombre frustrado capaz que se rían a carcajadas. Pero sí soy insatisfecho porque siento que pude haber escrito más novelas, más cosas. Me refugio mucho en la poesía, pero le dedico mucho tiempo a la Fundación y ahora y siempre se lo he dedicado a la UNEAC. La UNEAC es una prolongación de mi casa.
Yo soy fundador de la UNEAC. Fui de los más jóvenes fundadores junto a Nicolás Dorr. Fui fundador de la Academia de Ciencias de Cuba, del Instituto de Etnología y Folclor. Me siento orgulloso de ser fundador. Esto es un orgullo muy grande pero a la vez acarrea momentos de angustia y de incertidumbres ante la creación porque siento que tengo muchas cosas que decir todavía.

Cómo ve el fundador que es usted lo que ahora pasa en la UNEAC, el proceso previo al congreso, la discusión luego de la guerra de emails o caso Pavón, como también se le ha llamado.
Soy un hombre fundamentalmente optimista. Dicen que el pesimista es el que tiene mucha información. Como yo no soy adicto al email, ni al Internet. Casi nunca voy al Internet. Así he vivido más tranquilo. No me interesan esos chismes y esas discusiones. Algunas fueron importantes. Cuando el caso del pavonado, fueron importantes porque marcaron un punto de partida hacia una política de la Revolución, de la cultura revolucionaria más despejada, más transparente.
Creo que ha sido sana esa guerra de los emails porque ha sacado a la palestra muchas cosas. Ha sacado de todo. Ha habido gente que se ha sentido aliviada.
Hay rencores que se han apaciguado. Eso es muy sano. No podemos dar marcha atrás. Yo veo que la cultura es un ábrete sésamo. Digo siempre que es una puerta que se abre y que no se sierra nunca, cuando se abre ya no se vuelve a cerrar.

Cuando yo conocí a Fernando Ortiz empecé a tratarlo, se me despejó un camino, se me iluminó, fue el camino de Damasco, por decirlo de alguna manera. Me di cuenta de que yo tenía una gran obsesión por Cuba, que es mi única obsesión.

En este momento de organización del VII congreso por dónde andan las inquietudes de los intelectuales.
Son de diversa índole. Tienen que ver con el derecho de autor, con el pago a los autores. La comisión económica de la cultura será decisiva. Así como la comisión de Cultura y Sociedad. Los intelectuales tenemos un papel importante en este momento en Cuba cuando hay muchos ojos puestos sobre nosotros, bien intencionados unos, otros con intenciones de una transición hacia un capitalismo salvaje y neoliberal.
Creo que tenemos que hacer cambios sustanciales en nuestra vida cultural, en nuestra proyección hacia el mundo, también en nuestra economía, pero yo no soy economista, no puedo hablar de eso. Creo que esos cambios serán siempre para mejorar nuestro sistema socialista. No veo progreso, ni desarrollo verdadero, sostenible, profundo para este continente y para un país en vías de desarrollo que no sea a partir de un socialismo renovador, de un socialismo moderno, de un socialismo del siglo XXI.

¿Es moderno nuestro socialismo?
Creo que es moderno porque es consecuente con nuestra época, pero tenemos que modernizarlo más a partir de presupuestos socialistas. Te diría que en la cultura se ha avanzado mucho. Quizá tenemos que avanzar un poco más en cuestiones sociales, migratorias, económicas, pero ese es el terreno de los economistas.

¿Podría traer el congreso cambios sustanciales en la política cultural cubana?
Podría traer cambios en cuanto a la imagen de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, que sea cada vez más integral, que contemple y concilie todas las tendencias estéticas, desde las mas refinadas y altas hasta las más primarias y populares, que también son altas, por su puesto.
Creo que en la UNEAC estamos llevando a cabo un proceso que implica el reconocimiento de todos los valores auténticos de la cultura cubana, lo mismo los logros que ha tenido el Ballet de Cuba, como los de la música popular, igual los de la literatura crítica o los de la literatura más contemplativa, más intimista. En la plástica cubana, por ejemplo, hay una riqueza extraordinaria de expresiones, desde un realismo crudo, hasta un expresionismo o un abstraccionismo. Todo en una gran conjunción, digamos que yo pienso que la UNEAC debe de ocuparse cada vez más de los valores de la cultura cubana, de la plástica, de la literatura, de la música, de la danza, de las artes escénicas. No solamente nacionalmente, sino internacionalmente.

Después de haber escuchado el propio discurso de Cesar López en la apertura de la Feria Internacional del libro de La Habana creo ver una intención de unir valores de la nación. Entonces, ¿dónde quedarían para esa legitimación figuras como Cabrera Infante, Arenas, Baquero?
Tanto Guillermo Cabrera Infante, como Reinaldo Arenas, como Gastón Baquero son escritores cubanos, escritores que pertenecen a la literatura cubana donde quiera que estén. Ya esos tres están en otra dimensión astral, pero son también un tesoro de la cultura cubana. Lo creo así, como creo que lo es Lydia Cabrera. Aunque no hubieran querido, o no hubieran reconocido a la Revolución Cubana, son parte de nuestro patrimonio espiritual.

¿Usted practica alguna religión de origen africano, o algo así?
Yo no practico ninguna religión. La religión mía es la de unir y convocar. Respeto todas las religiones, todos los cultos, todas las creencias, pero como practicante militante no practico ninguna.

¿No se consulta?, se habrá consultado alguna vez.
Si, me he consultado, pero siempre me dicen lo mismo. Me dicen que lo que se sabe no se pregunta.



esta entrevista fue publicada en septiembre del 2007 en la página digital del periódico !ahora!