miércoles, diciembre 31, 2014

Escepticismo cubano



Cierra el 2014 para los cubanos con una especie de turbación, y lo digo no porque me remita a exploraciones individuales y concernientes al plano psicológico, donde las perturbaciones siempre han estado y estarán. Me refiero a los cubanos como un universo expandido, como elementos de una célula eucariota cuyo verdadero núcleo son los recuerdos y la certeza de pertenecer a la etnia que habita ese lugar al que a veces algunos reducen a un sueño pasado, sueño al cual permanecerán ligados de manera inevitable mientras les quede una partícula de oxígeno a su cerebro.

La turbación tiene que ver con las noticias, con una noticia específicamente, con la gran noticia al decir de algunos porque lo es teniendo en cuenta lo que habrá de significar para el cubano, que es generalmente un tipo de piel quemada por el sol, más bien delgado, y bromista, un soñador de ojos brillantes y profundamente melancólicos, y esa melancolía profunda define los ojos de las cubanas, que son más prácticas, de clara piel algunas, y suaves y severas a la vez, y persistentes y sensuales a cualquier hora pese al verano.

Somos en sentido general sensuales y tercos como somos escépticos por naturaleza. Porque aunque no lo parezca tenemos memoria, y recordamos anécdotas. A veces a nuestra mente vuelve como deja-vu alguna imagen o nombres o momento. Hay quien recuerda que cuando hemos estado por realizarnos algo sucede para que se quiebre esa realización total y anhelada desde hace mucho tiempo, quizá desde antes de que algunos lo soñaran sobre una mesa de madera en plena manigua, desde que oliendo a yerba y desde la montaña soñaran como debía ser el cubano cuando al fin llegara su realización.

Sabe el cubano, y las cubanas lo saben igual, que cuando en la célula eucariota el núcleo parece realizarse no sucede igual con sus componentes, porque pareciera que para la organización del sistema, para que no retroceda y termine convertido en una célula simple y desorganizada, sus componentes deben padecer la rígida ordenación que permite la continuación de su núcleo, que en este caso no es la capacidad de soñar y pensarse, sino una estructura que la fija y controla.

De estructuras para controlar, de núcleos están lleno este mundo celuloso. Y por escéptico sabe el cubano que no siempre los núcleos actúan como él lo quisiera, por muy voceros suyos que parecieran ser y por muy buenas intenciones que tengan, por mucho que con él se identifique un núcleo siempre es un núcleo y siempre será la estructura cerrada, el coagulo circular donde suele replicarse la esencia de una nación que, sin embargo, escapa a lo que dentro de él sucede, que es una ebullición de sustancias, una confusión de química y cataratas de cortocircuitos.

Por todo. Por los golpes y las caricias, por lo amargo y lo duce, por la promesa incumplida y la realización el cubano se volvió escéptico. Y aunque alegre, siempre sonriente y bromista y chistoso ha aprendido como Santo Tomas a ver para creer. Y en eso estamos este fin de año para algunos frío, para otros cálido, pero envuelto siempre por el aroma de un cerdo asado imaginario o real. Porque eso también somos, sentido y gusto, el sabor y la boca que habla, o debe, y debe.