jueves, febrero 27, 2014

Conspiración contracultural

cubavistaalasseis
padura una semana atrás en la feria
Una sociedad se va corroyendo culturalmente de muchas maneras, y una de ellas es a través de la sutileza. Frases, gestos, menosprecio a la actividad artística, con una mirada hiperbólica y prioritaria de la economía... en fin.
Recién he reparado en que también existe una conspiración, para que escuchemos la peor música por ejemplo, la más banal e imprudente. Estaba en el Yara a la espera de la tan comentada Conducta cuando reparé en el asunto. Un concierto de media hora antes de un filme cubano. Y era Ana Gabriel nada menos. Lloraba sus amores sufridos. Y nada pude hacer, más que permanecer en silencio y  además soportar la voz de quien enfrente también lloraba sus amores, como el Ano Gabriel del Caribe que probablemente fuera.
Después me trasladé al Pabellón Cuba. Empezaba la Feria del libro y la editorial Sed de Belleza, interesada en publicar mi difícil libro sobre Lunes de Revolución, presentaba uno de sus últimos textos, uno de artículos, ensayos y crónicas de Padura. Y por supuesto allí estaba Padura ante un auditorio expectante. Terminada la charla, y cuando el autor de Herejes comenzaba a firmar los ejemplares, a sus espaldas, quizá a un metro y medio de sus orejas, la voz de un músico probaba micrófonos, actividad que le tomó el tiempo que invirtió Padura en firmar, algo que pudo haber hecho contra su propia voluntad, supongo, porque cualquiera se habría largado con semejante ruido a las espaldas.
El hecho me hizo reflexionar sobre las ferias de libros, momentos de los que Juan Villoro repara en su carácter  más interesado en su propósito comercial que cultural. En el caso de la nuestra, peca también de muchas cosas, por ejemplo de priorizar lo político sobre lo literario, lo supuestamente ideológico sobre lo artístico. Así, autores de prestigio y valía llegan a ser tratados como principiantes mientras una mar de personas repleta determinada sala porque en ella se presenta un libro de no sé qué diplomático o militar, o más allá se alista para el baile, formando una masa a veces caótica y desesperante.