martes, mayo 07, 2013

El lamento de la rumba


Fue mirando a Los Papines. Fue escuchando a Los Papines que me puse a pensar que la rumba es un baile melancólico. No lo habría creído antes. Por eso de que suena un cuero y otro y otro más rítmicamente cuando la mano del negro lo golpea o lo acaricia o lo roza. Era cosa de alegría. Eso creí antes de escuchar la voz de los cantantes, la mano pegándole al cuero de un chivo que nunca fue bueno. Y ahhhhhhhhhhh. La voz de los cantantes por encima de los tambores me suena a lamento porque es lamento. No había historia Ni palabra. Solo monosílabo: la, lalala, la.  Lamento ancestral heredado de los ancestros. Al menos tiene ese aire, el aire de los negros bajo el látigo, camino al cañaveral, debajo del sol tirano, andando. Todo era adverso menos la música. Y solo quedaba el lamento. La, lalala, la. El tambor daba ánimos. Y el músico golpea el cuero del chivo que nunca fue bueno. Se torna virtuoso como los instrumentistas del jazz, pero no se conforma y salta  y se contorsiona con brío y es fiesta y sexo y rebeldía y… la, lalala, la. Que hable el tambor en la rumba, pero sí hay letra que venga de una vez. Porque cuando solo es el monosílabo, un mismo monosílabo, la rumba se vuelve triste.