viernes, marzo 22, 2013

A propósito de la muerte de Bebo Valdés

Se escuchan dos pianos. Su música: “La comparsa”, de Ernesto Lecuona. Se ven los intérpretes. Ambos llevan saco y, a simple vista, parece un duelo, una competencia, una batalla. Pero, nada más lejano. Lo ha dicho uno de ellos durante el documental Old Man Bebo, de Carlos Carcas: “Jamás se me podría ocurrir que había una competencia. Estaba escuchando y vacilando. Lo hacíamos desde niño en la casa”. Los intérpretes: Bebo y Chucho Valdés.

Cuando tocan, se nota un lazo íntimo, una comunicación extraña, un hilo eléctrico. “Lo estaba cazando. Sabía para donde quería ir”, confesó Chucho, cabeza de la célebre agrupación Irakere (1973), al referir el momento en que él, junto a su padre, interpretaban “La comparsa” para la película Calle 54, del español Fernando Trueba. Luego llegó la gira con la que celebrarían los cumpleaños 90 y 67. Luego, el disco Juntos para siempre, último Premio Grammy en la categoría de Mejor Álbum de Jazz.

“La idea surge en La Habana”, ha dicho Trueba, en el documental de Carcas. Fue él (Trueba) quien tuvo la idea de reunir a padre e hijo después de haber establecido una conversación en La Habana con quien es Premio Nacional de La Música y poseedor ya de cuatro Grammy, uno de ellos merecido en 1979 por el trabajo con Irakere.
Durante la grabación se notan emocionados. Lo había estado desde el primer momento, cuando los dos se encuentran en una habitación y se abrazan y se ríen y Bebo le suelta un muy cubano: “Asere…te has puesto como un sapo”, al ver el cuerpo de su primogénito.

Se les puede ver al piano. “Intercambiamos miradas”, dijo Chucho, mientras en la pantalla aparece Bebo Valdés (1918), un hombre que creció entre cabaret y bares de la Habana de los 50, tocando en las orquestas de Julio Cueva y de Tropicana, y que desde 1960 debió trasladarse de país, dadas no pocas incomprensiones que le hicieron incompatible con la realidad de Cuba.

Juntos para siempre realiza un recorrido por temas antológicos como “Tres palabras” (O. Farrés), “Son de la loma” (M. Matamoros), “La gloria eres tú” (J. A. Méndez) y “Sabor a mí” (A. Carrillo). Al piano no hay diferencias, si es que alguna vez la ha habido, y padre e hijo gozan el momento. “Estar tocando con quien me enseñó es muy importante”, confesó Chucho.

La canción va a terminar. Los últimos acordes pueden estar provocando un huracán de recuerdos, de La Habana, de la familia, del barrio, de la música. Bebo levanta sus manos del teclado como si quemara. Chucho afirma con la cabeza. Ambos sonríen. El hijo se pone de pie. Dice: “Caballero, el que pida más está loco. Hemos dado el máximo”. Los dos se abrazan. Se escucha: “Hemos vivido unos minutos que serán inolvidables”.