domingo, julio 08, 2012

Las palmeras salvajes sin William Faulkner


Un libro donde los personajes persiguen algo que desean más que nada en el mundo. Recuerdo mi lectura de Las Palmeras salvajes, la novela de William Faulkner publicada en 1939, su  novela número once. A Faulker había llegado por García Márquez, quien le llamó maestro al momento de recoger su Nobel. Después, en la asignatura de Literatura Universal, impartida por un coetáneo de la Facultad de Artes y Letras de La Habana, recientemente asesinado en México, incrementé la lectura del norteamericano gracias a un seminario que me llevó a Mientras Agonizo. Muchos son los libros que he leído y comprado de él, pero ninguno me deja tan buenos recuerdos como aquel cuya primera acción comienza con un aldabonazo. Un golpe sobre la puerta. Una llamada. Una advertencia. Su lectura constituyó otro acercamiento a la literatura, a las formas de narrar y mirar la narración. Símbolo subrayado por el hecho de enlazarse con García Márquez, a quien, la edad, le hacen perder la memoria en estos tiempos. Nadie, sin embargo, olvida a Faulkner 50 años después de su muerte. Ni siquiera cuando las palmeras de hoy sigan siendo tan salvajes como lo fueran en el mundo a finales de los años treinta. Un diario gritaba: La Segunda Gran Guerra comenzó. Y  en su vieja casona el escritor inventaba historias como si estuviera condenado.