viernes, agosto 05, 2011

Todo por jugar playstation. Una mirada a la película de Ian Padrón.

Ián padrón, con los niños andy y ernesto. 
Por el momento, la película Habanaestation, del realizador Ian Padrón (1976), estrenada hace poco menos de quince días, tiene algunos record en su haber. En Holguín, según informes del Centro de Cine, ha sido la cinta que más recaudó en los últimos tiempos, además de haber logrado reavivar el interés por los cines, al punto de que hasta ayer la estadística de asistecia en las 31 salas y cines donde se ha puesto (en los catorce municipios) indica que más de 18 mil personas la han visto. 
 
El hecho se debe a varias causas, que van desde la triste situación de las salas cinematográficas hasta la calidad de los filmes que se han venido produciendo. Ahora bien: ¿qué sucede con Habanastation, según este espectador? Ha tenido muy buena promoción, para empezar. Y, sellando el acápite, acaba de hacerse del Premio a la Mejor Película de Ficción en el Traverse City, festival que organiza en Michigan el célebre documentalista Michael Moore. Hasta Michigan se llegaron Padrón y Blanca Rosa Blanco, excelente actriz y, en el filme, madre de Mayito, interpretado por el niño Ernesto Escalona. 
 
Mayito es el pionero que se ve involucrado con la truculenta vida de un barrio llamado La Tinta, nada menos que después de participar en el desfile por el Primero de Mayo. Así, con el desfile, aparece el primer elemento de importancia para una lectura subyacente, pues el pionero perdido es hijo de dos trabajadores, pero son trabajadores especiales, teniendo en cuenta las diferencias que favorecen ciertas profesiones a nuestro alrededor.

El pionero perdido es hijo de un músico jazista (interpretado por el también magnífico actor Luis Alberto García, que ahora parece retomar rasgos de su personaje en Perfecto Amor equivocado) y su representante. Y como el músico viaje bastante, a Mayito no le faltan los aparatos electrónicos, ni tampoco le falta una buena casa, donde hay carro y empleados. No le falta nada material.

Pero, sí le faltan algunos aprendizajes que solo los traspiés de la existencia nos pueden ofrecer. De eso, sin embargo, sabe bastante Carlos (interpretado por Andy Fornaris), compañerito de aula de Mayito y su opuesto en este entramado social cubano. Carlos es sencillo y espontáneo. Mayito tiende al egoismo y es escrupuloso. Ambos son niños. Pero, los dos viven la aventura que permite el desarrollo del guión, porque La Tinta, a donde va a parar en su extravío Mayito, es nada más y nada menos que el barrio donde Carlos pasa sus días, donde la gente supervive como en una selva y hasta desconoce algo tan común en el mundo de hoy como el artefacto para juegos llamado playstation.

Habanastation es una producción dinámica, amena e importante para Ian Padrón (por ser su ópera prima) y para la cinematografía cubana porque aborda las diferencias sociales. Lo explicita de una vez por todas y lo hace mediante un contrapunteo feliz. Los actores se desempeñan creíbles y espontáneos. Tanto profesionales como los niños, que pertenecen a la Compañía La Colmenita, y que demuestran lo que se logra con talento, disciplina y una buena dirección, tal cual lo habían hecho los Cremata en Viva Cuba
 
Sin embargo, creo que Habanastation es un filme sin mucha profundidad. Pareciera que cuando aparece el primer elemento (el desfile) el filme va a tomar otro rumbo, nos va a sambullir mediante la historia en las agua de la sociología. Pero, no es por ahí por donde quiso coger Ian Padrón. Su trabajo se mantiene, como los barcos, surcando la superficie aunque desde ella se ven zonas, lugares, bichejos y tonos de la profundidad. No es Suite Habana. No es Boleto al paraíso. No quire ser ninguna de las dos. Habanaestation tiene otro tono y ritmo y es otro el realizador.

A Ian Padrón se le conoce desde antes por su talento y trabajos en documentales y cortos. Con su debut en los largometrajes lo ha hecho bien. Ha tocado un tema que tenemos delante. Lo ha descrito sin odios, sin resentimientos. Observa el problema con una de las perspectivas que mira nuestra generación. Su trabajo emerge con la naturalidad de la vida. 
 
En materia técnica, me disgusta que el guión (de Enrique Espinet) intente colocar en un día todo lo que en materia emocional pudiera desnudar a estos dos niños. Sus virtudes y defectos, que no son más que aquellas trasmitidas por los adultos, están condensadas de forma apresurada en unas pocas horas, casi violentamente, y hasta de manera forzada. 
 
Me habría gustado insistir sobre aspectos más filosóficos, más sociológicos sobre las diferencias de los trabajadores en una sociedad como la nuestra, y en cualquier sociedad ya que todo comenzó por un Primero de mayo. Me habría gustado indagas en el mundo de los que tienen menos racencias materiales, que no solo son músicos, lo sabemos. Pero, esa habría sido mi película. Y eso es otra historia, sobre la que escribiría otro periodista, en otra vida.