viernes, junio 24, 2011

Un criterio de Amaury Pérez: Otra vez, la prensa cubana


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Amaury Vidal, pero antes Pérez  (como lo presentaba Joaquín Mulén, en Radio Rebelde) ha puesto en la palestra el tema de la prensa cubana. Y, aunque no fueron esas sus intenciones (al decir suyo), arremetió contra los jóvenes periodistas. Nos ha llamado casi siervos (o mejor aún: bufones, que a veces es un honor) al servicio de ciertos sultanes.  

Amaury no opinó en una entrevista o algo así (tampoco en una acotación, de las muchas que hizo a sus entrevistados) sino que lo incorporó al rabo de comentarios generados por la trascripción de su programa en cubadebate. Los foros, aunque suelen verse como espacios de intercambio, dada la precariedad de su conocimiento en la población, dado su carácter elitista, me parecen las alcantarillas de las viejas ciudades. Y, por favor, no lo digo en tono despectivo. Son espacios sumergidos ante la realidad visible. Parecen sótanos, túneles subterráneos por los que corre una vida ajena al mundo exterior.

Con lo de “sultanes” estoy de acuerdo, aunque quisiera que fuera más explicito el cantautor, que hablara de ellos, que los emplazara no ya desde un sótano, sino en la televisión, pues allí se siente como pescado en su salsa, según le ha sugerido al colega y profesor Raúl Garcés, quien junto a Jesús Arencibia debió saltar ante criterio de tan controvertida fortuna como lo fue el de aquel espacio (y para no pecar, como nuestros medios, debo informarles que el debate siguió a la entrevista del monseñor Carlos Manuel de Céspedes y García Menocal. Ver: http://www.cubadebate.cu/noticias/2011/06/14/carlos-manuel-de-cespedes-cuba-y-la-iglesia-son-las-dos-pasiones-mias/).

Confieso que habría sido la de los sultanes una excelente pregunta para Silvio Rodríguez, que tan lúcido es en cualquier materia. ¿Por qué no la hizo?, ¿por qué el entrevistador no se metió de lleno en los entresijos de la política informativa en nuestros medios de difusión con quien de joven trabajara en ellos? Porque no tuve deseos, podría responderme. Y aceptaría la respuesta. Un entrevistador tiene derecho a escoger sus temas, pero es desventurado desaprovechar la opinión de alguien con lucidez intelectual y calzo político Me ha pasado.

Pero, volviendo al asunto, es razonable lo de los sultanes. Aunque creo que, además de sultanes, emires y califas yace una especie de sentimiento sultanezco entre periodistas, directivos, funcionarios de la ideología, y hasta no pocos creadores. Observo (lo padezco y lo critico) que este sentimiento está hermanado con la ignorancia muchas veces. La falta de cultura, la ausencia de un dominio profundo de nuestro pasado y nuestra realidad hacen que una persona con poder sobre un medio de difusión masiva se vuelva, por causas que van desde la prudencia a la suspicacia, en verdaderos verdugos del producto periodístico.  

Comprendo el reproche de Amaury ante la falta de criterios sobre su programa en la mayor parte de los medio de prensa. Un programa excelente como lo fue el que encabeza merece una valoración seria, y no lo digo ahora, pues yo (que no me especializo en audiovisuales, aunque no dejo de escribir del tema) ya escribí del asunto. Elogié el método, ya expuesto en el bien recordado Muy personal de los noventa. Si algo le he reprochado como conductor (lo escribí en el foro luego de la entrevista a Alfredo Guevara) es su excesivo afecto ante los invitados, tanto que ha estado al gritarles: “¡Los quiero mucho, mucho…!” Más, no lo gritó, para salvación de todos. Con dos que se quieran terminó siendo un buen programa, el mejor de su tipo en la televisión, en mucho tiempo.

Pero, Amaury no está conforme con que haya sido bueno. Quiere que lo califiquen los especialistas, y eso está bien. El centro del debate, entonces, parece ser el siguiente: ¿ninguno de nosotros escribió sobre el programa? o ¿alguien escribió y nunca publicaron su trabajo? (incluso: ¿hay intenciones ocultas respecto al cantautor entre los periodistas culturales de Granma y Juventud Rebelde?)

Hasta que la política informativa de los medios de difusión no varié, no seremos totalmente fieles a la esencia del periodismo, que tan mal anda. Los principios que involucran a la cultura y a la opinión pública no pueden ser ambiguos, ni cerrados, ni ciegos. Ya lo dijo el intelectual, que anda en cruzada contra esa clase de pensamiento que hasta los cromañones dejaron en la cueva: revolución es lucidez. Pero, ¿por qué algunos no acaban de asumirlo como lineamiento?