domingo, junio 07, 2015

Arto Paasilinna y la naturaleza como personaje

Leído Arto Paasilinna. Al menos tres de sus novelas, las que publicara Anagrama entre 2008 y 2012 gracias a las traducciones de Dulce Fernández Anguita, Úrsula Ojanen y Juan Carlos Suñén, los dos últimos encargados de traernos desde el finés la memorable El año de la liebre.

No es que La dulce envenenadora y Prisioneros en el paraíso sean piezas para olvidar, sino todo lo contrario. Pero la primera me parece una historia todavía más entrañable. Argumento: Vatanen es periodista y acompañado de un fotógrafo viaja por asuntos de trabajo. De repente una liebre se le cruza en la carretera y termina atropellada, hecho que lo obliga a abandonar el auto, dándole la espalda al fotógrafo que lleva el auto, a sus proyectos inmediatos y con ellos a su rutinaria vida para entregarse a un incierto futuro. Todo a costas del manso y amoroso animal.

“-Pues aquí estamos- dijo el hombre a la liebre.

Esta es la situación: El hombre estaba sentado, solo, en el bosque, en chaqueta, bajo una noche de verano. O sea: había sido abandonado a su suerte.”

La novela se desarrolla en ciento ochenta y una páginas y tiene el vertiginoso ritmo de un buen libro de aventuras. Unas diez más tiene La dulce envenenadora; sin embargo, apenas se nota la prolongación entre viajes en barco, auto y los furtivos escapes de una aparentemente mansa abuelita.
Igual cantidad de hojas necesitó Paasilinna para el desarrollo de Prisioneros en el Paraíso. Es esta historia no hay tanto movimiento, sin embargo, todo sucede por el movimiento: un accidente de avión. Cuarenta y ocho personas – de las cuales veintiséis son mujeres y veintidós hombres- perdidas en una isla de la cual desconocen se encuentran en guerra. Y lo que ocurre en la isla, además de representar una sátira a las sociedades modernas, también constituye una inolvidable aventura.

Si en El año de la liebre un hombre se deja llevar por el instinto  natural y puede dejarlo todo por proteger a una criatura salvaje, la anciana Linnea Ravaska no estará en menor grado a disposición del pálpito básico de un ser humano.

Recordemos: Linnea es octogenaria y fue retirada con grados de coronel de las fuerzas armadas. Pero de repente la codicia del sobrino y sus amigos se convierten en su amenaza. Para deshacerse, después de sufrir las continuas visitas y consecuentes desmanes, un día aparece la solución ante sus ojos. A partir de ese momento hace lo que le permite su ingenio para darles la lección, algo que el lector sabrá si se decide por la lectura. De hacerlo, verá que estás son las últimas palabras del libro: “Unos auténticos caballeros, los tres… y una dama es una dama, incluso en el infierno.” ¿Por qué? A leer.

La intención de supervivencia así como la necesidad de escapar de la civilización en pos de una existencia feliz se impone en estas historias creadas por quien naciera en 1942 en la ciudad de Kittila.

Con una escritura directa y ágil, llena de un humor irreverente y situaciones inauditas, la obra de Pasaalinna queda marcada por la actitud escapista de sus personajes. Y sus historias, como en la obra de todo escritor, parecen sacadas de la experiencia. Periodistas y trabajadores forestales son frecuentes en argumentos que se desarrollan en Helsinki o ciudades del interior de Finlandia, a donde han llegado para enfrentarse a la naturaleza o, mejor: para convivir con ella.


Quizá alguien pudiera pensar que un autor editado por la empresa que fundara Jorge Herralde no necesita de un blog para incrementar sus ventas, pero no se trata de vender. Se trata de haber descubierto a un autor digno de tener en cuenta. Arto Paasilinna no es un escritor cualquiera. Es un magnífico contador de historias y pertenece a una literatura en la que se inscriben nombres como los de Mika Waltari. Ojalá se traduzcan alguna vez en Cuba las novelas de paasilinna. O al menos que se puedan leer allí. Y en cualquier parte. Porque la obra del filandés urge de lectores.