miércoles, julio 23, 2014

Genética aberrante


gaza, tomada de internet. EFE | MOHAMMED SABER
Uno piensa que el conflicto puede ser infinito, y lo piensa porque es un asunto genético, metido en los tuétanos, asentado en las entrañas, un bajel cargado de odios que navega por mares de sangre cuando los dioses quieren que la haya, y soplan, y el aire termina en guerra y la guerra termina en otro pacto y el pacto sigue aplazando el odio. Se trata de la intolerancia ramificada desde el inicio, hace tanto tiempo que ya nadie lo recuerda. Y allí está, repetida en pequeñas dosis, presente gracias a la voz reverberante con la cual duermen los niños que con historias sobre minorías excluidas, exterminadas, vejadas, sueñan; de tierras prometidas por los siglos de los siglos, de conflictos tras los que escondidos yacen culturas más avispadas, ideologías más caprichosas, religiones. ¿Cuántos dioses necesita uno para ser feliz? ¿Cuántos calmantes? ¿Cuántas mentiras? Todo es genética por estos días. Genética mundana y aberrante.

publicada por: IP, vigo, españa.