viernes, abril 11, 2014

A Fondo



juan rulfo conversa con joaquín soler serrano
Lo bueno de estos tiempos es que uno puede volver al tiempo que quiera, a la hora que quiera, siempre que esté ese tiempo digitalizado; digo: siempre que alguien haya tenido el buen tino de convertirlo en un producto que, contrariamente a las leyes de la Física, tiene masa, de modo que aquí también el tiempo pesa.
He podido yo encender la computadora, sustituto más democrático que el televisor, tan tiránico como la radio (pese a la variedad), y hacer mi propia programación. A las ocho de la noche, hora estelar, he visto otro capítulo del programa A Fondo, un ejemplo del periodismo televisivo donde el presentador Joaquín Soler Serrano, pasado el Franquismo, hacía galas de caballerosidad, buen gusto e información durante aquellas legendarias entrevistas realizadas a “las primeras figuras de las artes, las ciencias y las letras”.
Con la más elemental de las escenografías, Soler Serrano y su equipo de la Televisión Española  intercambiaba por poco menos (o más) de una hora con hombres no siempre locuaces, pues habría que ver su conversación con mi admirado Onetti, quien a veces permanecía rato con la boca entreabierta, cigarro entre los dedos, o se movía solo para agarrar el vaso, llevarlo hasta sus labios y beber antes de retomar el diálogo.
El anfitrión, nacido en Murcia, no perdía la paciencia y contaba siempre con abundancia de datos para sorprender a los entrevistados, al punto de que todos se maravillaban con el poder informativo de aquel hombre de hablar pausado, y quien siempre tenía a mano fotografías o ediciones de libros para mostrar al televidente. “¿Quién le ha dicho todo eso?”, preguntaba un Rulfo amable y tímido que por primera vez, y gracias al programa, dijo: Salía tan de manera pública.
Por aquel programa de entrevista pasaba lo que entonces más brillaba en la Literatura, y lo que todavía brilla, de todos partes del mundo. De la misma España y de América llegaban novelistas, pintores, filósofos para charlar durante sobre cultura y literatura, sobre el mundo imaginado, y dejar claro que eran seres orgullosos, o ingenuos como los niños, o que eran como eran. “Olvídense de Borges”, decía Borges: “!Hay tantos autores que leer!”
Son de 1977 los programas A Fondo que he visto por estos días. Y me han servido para establecer analogías con los programas de entrevistas del presente y otros que recuerdo, el de Orlando Castellanos, ejemplar en Radio Habana Cuba, los de Hilda Rabilero, Carlos Otero, Amaury Pérez, Alfredito Rodríguez, Edith Massola, Raquel Mayedo y Raúl Garcés en la televisión.
Algunos pecaron del fastidioso exceso de afecto de sus anfitriones, de la  incontinencia verbal que les hacía interrumpir al que no debía ser interrumpido, de la falta de información o evidente incultura. Otros vienen como magníficos modelos para un intercambio donde entrevistador y entrevistado deben aparentar quererse aunque no se quieran, pues para un final feliz en la entrevista debe haber sobre todo entendimiento. Al menos, en esta clase de entrevistas que no son más que conversación.
Recuerdos como los del programa español A Fondo me satisfacen, pese a remontarse a 1977, cuando yo me estaba formando en un lugar oscuro, viscoso e incomprensible. Es un tipo de periodismo agradable y de agradecer, por las preguntas, por los entrevistados, y por los temas, que a decir verdad no creo sean prioridad en estos desventurados tiempos cuando cuesta encontrase un sitio donde el artista hable solo de su arte y de su tiempo, de sus preocupaciones filosóficas y sueños sin que broten aspectos parásitos como la duda y el miedo.