viernes, noviembre 22, 2013

Geometría


Nunca una foto había sido tan elogiada como esta que les muestro. Su nombre se debe al recuerdo de lecciones elementales aprendidas en la primaria que saltaron en la memoria cuando el paisaje ganó mi atención.
Caía la tarde y la estela del avión que iba no sé a dónde producía en el cielo el efecto de una zanja, casi una herida dorada o blanca a un costado del cielo, un corte ante mis ojos que le vieron cruzarse con los cables de las redes eléctricas, los muchos cables que hay frente, los montones de cables que pasan delante en la mañana y al anochecer para llevar la electricidad de un lado a otro.
Yo no vi cables sino figuras, un hermoso cuadro donde los triángulos danzaban como caleidoscopio. Parecían reproducirse y llegue a pensar que de practicarme un test psicométrico me habrían acusado de una acentuada lascivia. Porque alguien me contó una vez que eso querían decir los triángulos, o eso llamaban en el inconsciente, los triángulos eran el sexo. Más fue triángulos equiláteros, isósceles y rectos, triángulos de Kepler y esféricos y de Bézier y hasta de Sierpinski. Tal fue lo que atisbé y por eso aludí con su nombre a la más antigua de las ciencias.
Hoy sin embargo me hablan de que mi foto ha servido en una asamblea para ilustrar despropósitos ideológicos, eso que algunos llaman segundas intenciones, pues quien la toma de ejemplo no ha visto triángulos en el test, y bien estuviera si los viera. Su interpretación arroja confabulaciones, pretextos para criticar el país, la provincia, la ciudad y por supuesto el reparto donde vivo. Con la evasiva de retratar el cielo el autor de tan “infausta” imagen, se ha dicho en asamblea, descubre al mundo la red eléctrica, exponiendo al enemigo nuestros patrióticos cables, dejando ver sus entramados ideológicos, mostrando nuestro vulnerable tendido cultural.
Nunca se vio una interpretación tan aberrante para una simple fotografía. Nunca un personaje que el tiempo habrá de tragarse develó tanta mediocridad e ineptitud para la matemática, y también la poesía. Como si en su cabeza un cilindro gigante se abalanzara, un gran circulo, una esfera, aplanadora, cero. El cero más inútil de todos los ceros llegando, el de la inopia y la imbecilidad, el cero que nunca ha sido digno de la geometría.