sábado, noviembre 02, 2013

Ante los arrecifes cubanos, Juan Villoro



A Juan Villoro dedican la Semana de autor que cada año a fines de noviembre promueve Casa de las Américas. Muchos lectores se frotan las manos con lo que serán algo así como siete días en los que el autor intercambiará con colegas y seguidores, y sobre todo recorrerá La Habana en acto que quizá no implique tanto riesgo como el que buscan sus personajes de Arrecife.
Arrecife ha sido la quinta novela publicada por el narrador, ensayista y periodista nacido en septiembre de 1956 en el Distrito Federal de México. Fue publicada por la editorial Anagrama y a las muchas interpretaciones que ha tenido sumará en noviembre la del poeta y narrador holguinero Eugenio Marrón, uno de los intelectuales cubanos invitados al homenaje.
Si Marrón en Casa reflexionó ya sobre William Ospina, ahora lo hará a propósito de Villoro, especialmente a partir de la escritura de Arrecife, novela que considera “una especie de fábula de un siglo que comienza donde las marcas violentas conducen a un agujero negro.”
Para el holguinero, lector analítico, con El disparo de argón y El testigo leídas desde antes, Arrecife, ratifica “el alto rigor del oficio de novelista con capacidad para crear, como dice Vargas Llosa, historias y seres hechizos que te cautivan.” Tampoco desdeña el paso del mexicano por oficios como el periodismo, dignamente ejercitados mediante entregas a revistas y periódicos como La Jornada:
“Es un periodista sagaz, con un extraordinario manejo de la crónica. Aparte, es ensayista de elegancia y perspicacia tremenda, que con igual dominio penetra en la lectura de Cervantes, Shakespeare, Pitol y Bolaño. Sabe que el arte del ensayo entrelaza elegancia y sabor de la prosa con lo puntual y lo más arraigado a la mirada personal.”
Ahora también se informa en la red que Villoro integrará el Colegio Nacional, una institución fundada en 1943 y a la cual han pertenecido nombres fundamentales de la intelectualidad de su país como Mariano Azuela, Alfonso Reyes, Carlos Fuentes, Fernando del Paso, José Emilio Pacheco o su padre, Luis Villoro.
También profesor de la UNAM, Villoro, que ha sustentado su carrera con premios como el Herralde o el Iberoaméricano de Letras José Donoso, no escatima temas para dialogar con sus coterráneos y colocarles delante el mundo que muchas veces no llegan a ver por el envilecimiento de los tiempos.  
“En Villoro la lengua española alcanza un esplendor que lo convierte en digno heredero de los escritores del boom, de los de antes y de los de después”, apunta Marrón.
Por lo pronto solo queda esperar unas semanas para que Casa de las Américas abra las puertas a siete días dedicados a analizar la obra del mexicano como la ha hecho antes con escritores del continente como el brasileño Rubem Fonseca, el argentino Ricardo Piglia, el chileno Pedro Lemebel o el cubano Leonardo Padura.