jueves, julio 11, 2013

Encontrando a Caín


La AHS trajo a Holguín un libro trascendente para los lectores cubanos. Se trata de Buscando a Caín (ediciones ICAIC, 2012), la aproximación al Premio Cervantes de 1997, el tercer cubano en merecer tal galardón: Guillermo Cabrera Infante (Gibara, 1929- Londres, 2005). 
 
Los veintiocho testimonios y las inestimables fotografías recogidas en las 287 páginas del libro responden al interés de los jóvenes periodistas Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco, y el texto publicado el pasado año es la prueba de que las tesis de licenciatura, cuando son concebidas con inteligencia y objetividad resultan de mucha valía para el campo en el cual han sido pensadas.

Mirabal y Velazco también fueron ganadores del Premio UNEAC de ensayos Enrique José Varona, en el 2009, con Sobre los pasos del cronista, un análisis de la labor profesional y la vida de Cabrera Infante antes de radicarse en Londres. Con ambos textos se convierten en los primeros que llevan a la práctica los propósitos mantenidos por otros investigadores de reivindicar a este autor. 
 
Nacido en Gibara, Cabrera Infante es hijo de fundadores del Partido Socialista Popular en Gibara, pueblo del cual emigraron a la capital en buscando prosperidad en 1941. En La Habana se volvió uno de los periodistas más valiosos de su generación y sus textos fueron frecuentes en Bohemia, Carteles, Revolución y Lunes de Revolución, magazín del cual fue director. 
 
La Habana fue el sitio donde emprendería Cabrera Infante “su más grande aventura”: la vida en una gran ciudad. Fue un adolescente deslumbrado por el asfalto, la bohemia y los grandes edificios, de modo que la urbe se convirtió en la protagonista de casi todos sus libros, desde la primera, una compilación de cuentos titulada Así en la paz como en la guerra (éxito de ventas al ser publicada por Ediciones R en 1960, a la vez que se tradujo al polaco, francés e italiano), hasta el libro Cuerpos divinos, publicada postmortem aunque su autor había estado reescribiéndola desde finales de los sesenta.

Pero la publicación de Tres Tristes Tigres en 1967 (un año después de Paradiso, de Lezama, el mismo año de Cien años de Soledad, de García Márquez) concedió una trascendencia contundente a Cabrera Infante. Novela o libro a secas, según su autor, en TTT el juego verbal, la parodia y la nostalgia por una ciudad que se esfumaba, eran los principales puntales. Quizá la dichosa “novela de la revolución”, tan buscada en los sesenta, iba a ser escrita por este giba-haba-londinense. Y si no la escribió fue porque en vez de titularla Vista de Amanecer en el trópico se decidió por eso del trabalenguas y Tres Tristes Tigres se quedó, demostrando que prefería jugar más con el lenguaje que con la realidad.

También autor de La Habana para un infante difunto y Puro Humo, Cabrera Infante es uno de los nombre más importantes de la literatura y el periodismo cubano, el primero en poner de moda formas de decir que aquí desconocíamos y que, dado el desconocimiento de este autor, otros han querido presentar como nuevo.