viernes, agosto 03, 2012

Celia Cruz, lo individual y lo colectivo en la radio cubana


Por Facebook me enteré de la noticia que hoy una directiva de la radio cubana en Holguín me confirmó: Ya no existen listas con artistas prohibidos en las estaciones de radio, nombres que susciten contratiempos a quienes confeccionan las producciones musicales de los programas. Al fin, lo que nunca debió haber existido, se derrumbó. !Hasta nunca, caballeros!

Pero, sucede algo: Queda el resultado de una rutina, el temor a lo que un día se instituyó. Todavía los realizadores andan titubeantes, como embotados con la noticia que observan con suspicacia. Y mantienen su lista en la cabeza. Pregúntele a Pavlov cómo se llama eso.

El efecto contrario sería la proliferación excesiva. Y entiendo que la intención del ICRT sea recuperar el tiempo perdido sin que se les vaya la mano, a lo Máximo Gómez que, para quien no lo sabe,  nos etiquetó así: “El cubano cuando no llega se pasa”. No dudaría que brote en la radio una fiebre de estos artistas y se olviden otros cubanos, muertos en Cuba, y de por sí ya olvidados.

Algunos fuera de Cuba alegan que es fácil hacerlo ahora, cuando varios artistas han muerto. El ejemplo más sonado ha sido el de Celia Cruz. ¿Qué hubiera dicho al respecto la célebre cantante? Lo entendería si se opusiera ella a radiar su obra en la Isla. Lo mismo le ocurrió a Cabrera Infante, y la postura tenía parte de razón. Pero, no dejaba de ser una actitud empecinada.

Esto de ahora se trata de un triunfo entre lo que llamaría “régimen individual" y "régimen colectivo”. Lo sabe mucha gente. No es lo mismo cuanto se decreta por mayoría, pese a la resistencia de un pequeño grupo. Hoy, esos pequeños grupos han ido ganando batallas contra la torpe burocracia, sus voces se tornan fuertes, han logrado hacerse escuchar y reconocer algunos de sus símbolos. Mañana es el aniversario 100 de Virgilio Piñera. Sus seguidores lo recuerdan.

No debe ser estandarte lo que ayer sufría zancadillas. Sería una actitud hipócrita. Pero aferrarse a una concepción pasada de tiempo luce acaso peor, demasiado torpe para el ser humano que debe huir de su pasado en las cavernas. Si se avanza un peldaño en esa escalera martiana, incluyente, nunca excluyente, lo menos que se puede hacer es respaldar la iniciativa. Se trata de recuperar la marcha, la que teníamos antes de esos años cuando saltando adelante, como decía un maestro, caíamos atrás.