domingo, abril 01, 2012

¿Dónde están los huevos de ese animal llamado periodismo literario?


Tengo algunos amigos que disfrutarían tanto como yo si los medios (su rutina productiva y prioridades informativas) dejasen más espacio al periodismo literario. Nos enamoramos del asunto en algunas clases de la universidad, donde se podían hacer experimentos atractivos en forma y contenido y, todavía así, lográbamos que se leyesen en publicaciones como Score o Graffiti, revistas estudiantiles que circulaban por la Facultad de Comunicación en la Universidad de la Habana. Tenemos ganas (y garras aún) de practicar aquellas acrobacias, pero no resulta demasiado fácil encontrar espacio en los periódicos para los cuales escribimos. No se puede escribir con la soltura que lo permite el llamado “periodismo literario” en un órgano oficial del Partido (así lo creen algunos), y menos si solo se reseña una asamblea del Poder Popular o una reunión a la cual asiste una pleyade de vanguardias nacionales. Nace un espécimen, una vez, del encuentro. Pero, detrás de reuniones ordinarias no nos llevamos el gato al agua. Es uno de los conflictos vividos por quienes nos interesamos en esta clase de escritura. Los editores dejan gran margen a los temas que la política desecha como eje del periodismo. Ni siquiera porque todo tema es político, sutilmente. Tampoco es fácil salirse de los géneros habituales. Ir entre el periodismo y la literatura, más que experimento de la forma, queda como un ejercicio de travestismo para algunos colegas. Maquillaje y peluca nada más. Le falta alma. Mucha gente se hace falsa idea del asunto. Piensan que colocando un par de adjetivos o fabricando una poesía (pésima poesía) ya se está en la cuerda de quienes antes lo han hecho bien, muy bien desde Cuba y fuera de la Isla. Falta espontaneidad e ingenio. Los temas están ahí, se reciclan o aparecen nuevos, pero el periodismo literario no es animal que se cace así de fácil. (¿Acaso ya no venden escopetas?, ¿o estaremos quedándonos ciegos los cazadores en potencia?)